Los Universos de DC y Marvel se han unido en uno solo. ¿Qué ha sucedido? ¿Quién está detrás de todo? Y, lo que es más importante, ¿cómo reaccionarán héroes y villanos de los distintos mundos al encontrarse cara a cara...?
 
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 Dos billetes a Ginebra, por favor. (Celsit) 6 de Abril de 2018.

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Planaria Glámez
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MensajeTema: Dos billetes a Ginebra, por favor. (Celsit) 6 de Abril de 2018.   4th Agosto 2014, 00:58

"Pasajeros del vuelo A447 con destino Ginebra, por favor, embarquen por la puerta A-35".

- ¡Oh! Ese es nuestro vuelo. Vamos Sash, que luego hay una cola del demonio.

Cogí a mi compañera por la mano mientras me recolocaba mi mochila en el brazo y nos dirigíamos a las puertas de embarque. El John F. Kennedy, el aeropuerto más importante de Nueva York estaba a rebosar de gente. Por megafonía éramos informados de los vuelos y asuntos del aeropuerto como algún que otro despistado que ha perdido su documento de identificación o su pasaporte, o algún niño extraviado que ha perdido a sus padres por quedarse mirando embobado la tienda de juguetes del aeropuerto. Nos esperaba un vuelo de unas ocho horas, siempre y cuando no tuviésemos muchos retrasos o no pillásemos ninguna turbulencia. Miré el reloj. Las doce y media del medio día. Llegaríamos a las ocho de la tarde a Ginebra, pero debido a la diferencia horaria serían las dos de la mañana. Cogeríamos un taxi e iríamos a mi piso a dormir. Afortunadamente siempre estaba preparado para cuando iba a dormir, y como sabía que Sash tenía que venir a Europa dejé la cama de invitados preparada también. Lo peor iba a ser el jet lag con diferencia. Aquello nos iba a matar, sobre todo a mí, que ya por fin había conseguido acostumbrarme al horario americano, y otra vez a cambiarlo.

Cuando llegamos a la puerta había muy poca gente en la cola, y nos colocamos los últimos, contentos y nerviosos. Cualquiera que nos hubiese visto habría pensado que nos dirigíamos a una luna de miel. Y para qué engañarnos, en parte era así. Aunque habíamos estado casi todos los días juntos durante mi estancia en Nueva York, ahora me tocaba a mí sorprenderla en mi terreno. Ella se conocía los sitios chulos de la Gran Manzana, pero Ginebra era mi ciudad. Tenía pensados varios sitios a los que llevarla a comer y cenar, o de visita, entre ellos el CERN, donde trabajaba de vez en cuando. También pensé en llevarla a la mansión de los Abyss, pero ya sabía cómo era Tanith con las visitas repentinas, y no quería que Sash se llevase una mala impresión. Hablaría con ellos durante esta semana y la llevaría para que la conociesen. Después de todo, eran mi familia, y para mí era importante que supiesen que estaba feliz con ella. Afortunadamente la base estaba a algo menos de hora y media de Ginebra. Con la moto sería un visto y no visto. Y quién sabe, lo mismo Tanith, sabiendo lo que significaba para mí, estaba más reticente a conocerla y ser más amable.

Cuando alcanzamos la puerta mostramos nuestros billetes y los pasaportes, y nos dirigimos al interior del avión. Un boing 767 de American Airlines nos esperaba, con los motores encendidos y un fuerte zumbido rodeándonos. Unas azafatas nos dieron la bienvenida y entramos en el avión. Nuestros sitios estaban situados a uno de los laterales del avión, para ser exactos eran el 25-A y el 25-B, en el lado izquierdo del avión mirando hacia el morro. Le cedí el sitio de la ventana y guardé mi mochila y su bolso en el compartimento que se encontraba sobre los asientos. Me dejé caer en el asiento y miré a Sash con una sonrisa, besándole la frente con ternura. Apagué el teléfono móvil y saqué una de las revistas que había situadas en el asiento delantero. Me puse a ojearla y encontré varios artículos de ciudades europeas. Encontré uno donde se hablaba de la feria del chocolate a donde se dirigía Sash y le sonrei, mostrándoselo.

- Mira cariño, la feria.- Comencé a leerlo en voz baja, sonriendo para mí.- "Más de seis mil personas se reunirán en Ginebra, Suiza, para deleitarse de chocolates y dulces provenientes de Suiza y Francia. Los chocolateros más importantes del mundo serán los jueces que otorgarán el premio al mejor chocolate del mundo...". Es impresionante que vayas aquí. ¿Sabes cuántos años llevo yendo a esta feria? Yo soy buen cocinero, pero en el tema de repostería soy un cero a la izquierda... Todavía sigo sin creerme que esté saliendo con posiblemente la mejor pastelera de Nueva York.- Le sonreí y le bese en los labios cogiéndola por el mentón. No lo decía para hacer la pelota. Sus dulces y chocolates sabían igual que los que yo tomaba de joven, algo que no había encontrado ni siquiera en los helados italianos. Continué miroteando la revista hasta que nos dijeron que despegábamos guardamos todo. Una joven azafata nos mostró las medidas de seguridad del avión y, media hora después de que nos sentásemos, todo comenzó a vibrar. Pusimos los respaldos en posición vertical, nos abrochamos los cinturones, y volamos hacia el viejo continente. Cogí la mano de Sash, nervioso y emocionado como un niño que volaba por primera vez.

El vuelo fue tranquilo, con una pequeña bandeja que nos sirvieron para comer y otra para cenar. Un par de sandwiches y unos yogures, una ensalada y un refresco fueron nuestros alimentos. Yo tenía más hambre que dientes, y se lo comenté a Sash. Ella ya sabía que tenía que comer unas ocho mil calorías diarias. Cuando se lo conté negó con la cabeza y con un suspiro dijo que nos acabaríamos arruinando por ello. Me ofreció parte de su comida, pero me negué. Ya me pondría morado de chocolate y dulces al llegar a casa. Al cabo de un rato, Sash se apoyó sobre mi hombro y se quedó frita. La acaricié con ternura y le recoloqué un par de mechones que le caían por la cara. Nos ofrecieron un par de películas. Una fue la película de animación de "Tintín y el templo del sol", una película basada en el tebeo de Hergé del mismo nombre. Era emocionante y divertida, y me encantaban los tebeos de Tintín. Los tenía todos en la mansión de los Abyss. Hacía ya tres años que la habían estrenado y me hizo mucha ilusión volver a verla. La otra que pusieron era el típico thriller policíaco, pero me quedé dormido a mitad. Terminé apoyándome sobre la cabeza de Sash, y así continuamos lo que quedaba de viaje.

Nos despertamos con la llamada de las azafatas diciéndonos que nos preparábamos para aterrizar y que pusiésemos nuestros respaldos en posición vertical. Sash se recolocó el pelo y se disculpó por haberse quedado dormida encima de mí. Le besé la frente y le dije que si era tonta. Me había encantado el gesto y se lo hice saber. Al cabo de media hora aterrizamos, y unos minutos después el avión por fin paró, y recogimos nuestras cosas para bajar. Al salir nos dirigimos a la zona de las cintas a por nuestro equipaje. Por todos lados había letreros de chocolates y la frase "Bon Jour" estaba prácticamente en cada esquina. Cogimos nuestras maletas y, aunque le ofrecí a Sash llevar la suya, ella se negó. Sonreí para mí. Me encantaba que fuese una mujer fuerte y decidida, capaz de hacer cualquier cosa por su cuenta. Odiaba a las chicas que necesitaban tener a un tío todo el día poniéndoles una alfombra roja o haciéndoles la ola en cada momento. Pero yo era un caballero, y al menos le ofrecería llevarle la maleta. Salimos a la calle y vimos unos enormes letreros luminosos donde se leía Aéroport international de Genève. Pedí un taxi y nos dirigimos a la ciudad, la cual asomó en el horizonte, totalmente iluminada, en medio de los enormes e imponentes Alpes Suizos. Respiré hondo y sonreí para mí. Hogar dulce hogar.

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MensajeTema: Re: Dos billetes a Ginebra, por favor. (Celsit) 6 de Abril de 2018.   4th Agosto 2014, 03:59

Siempre estaba nerviosa en los viajes. No porque me incomodasen. No porque me sintiese mal ni me marease... Sino por la emoción de moverme, de cambiar de ambiente, de visitar un sitio donde yo era una desconocida para todos y todos para mí. Todos excepto él. Preparé la maleta con mucha antelación. Hice varias listas, una sólo para la feria, otra para el necesser..  quería que todo estuviera perfecto. Me miré en el espejo de casa una última vez,me recogí un mechón tras la oreja y cerré con llave.
Cuando le vi la cara otro día más noté las mariposas otra vez en el estómago. No podía dejar que me invadiesen del todo... Pero qué demonios, nos esperaba algo increíble delante nuestro y había que aprovecharlo.
El viaje fue un poco costoso, aunque gracias a la siesta que me eché sobre el hombro de Planaria hizo que se me pasase volando un poco más de lo que lo estábamos haciendo. Me avergonzó un poco, pero pareció que incluso le gustó. Me desperecé al bajar y todo fue tan impactante, las luces de los letreros, el idioma, los rasgos de la gente... Aunque ahora que lo pienso yo tenía perfil más de mediterránea que de norteamericana. Me sorprendió un poco encontrarme la noche tan cerrada, para mí eran como mucho las nueve de la noche y tuve que sugestionarme para pensar que había pasado cinco horas absorta en algo, y que era más tarde de lo que creía. Por suerte funcionó bastante bien, aunque tenía un hambre del demonio.

Desperté de mi trance visual de salir del aeropuerto y miré a Plana  a los ojos.

- Estoy muy emocionada con esto... -  y le di un beso en los labios terminándolo con una caricia en el cuello. Y pidió un taxi.
Dentro del taxi parecía una niña pequeña, no paraba de señalar cosas, de sonreír todo el rato, de mirarle, de moverme por el taxi dentro de lo que podía en el cinturón.
Era precioso, y con las luces nocturnas todo le daba un toque más misterioso y mágico.
El taxi llegó a su destino y saqué mi monedero instintivamente pero cuando fui a extender el billete el conductor le estaba dando las vueltas al chico en la mano. Le miré con mala cara entornando los ojos con un "ya verás, ya" en la mirada.

Me bajé por mi puerta, me recoloqué la ropa y fui a trotes a la parte del maletero para recoger la maleta. La gente me miraba raro. Sí, en suiza hacía frío pero yo prefería generalmente la ropa veraniega, era más cómoda y yo no tenía problemas de temperatura. Supongo que con un "soy calurosa" podría haber solucionado cualquier situación rara que se generase por mi ropa fresca.

La puerta de su piso era bonita, negra, de fundido. Tardé mucho en entrar por quedarme atrás mirándolo todo. Me fascinaban incluso las cosas más simples. Simplemente dejé que el camino siguiese su curso. No sé si subí, si bajé, si seguí recto. si tenía frío o calor, si llovía o no. Sólo recuerdo que abrió el cerrojo de su puerta y  me sentí como en casa.

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MensajeTema: Re: Dos billetes a Ginebra, por favor. (Celsit) 6 de Abril de 2018.   4th Agosto 2014, 06:05

Nada más bajarme del coche un pequeño escalofrío me recorrió el cuerpo y me agité. Llevaba unos vaqueros y una camisa a cuadros abierta dejando a la vista una camiseta, y a pesar de que esta era gorda y estar acostumbrado al frío, este me sorprendió. Cuando Sash se bajó, con esa fina camiseta y esos pantaloncitos cortos sin inmutarse no pude evitar sino sonreír para mí. Todavía no me había acostumbrado al hecho de que para ella frío y calor eran cosas totalmente distintas que para el resto. Cuando se agachó para coger su maleta, su precioso culo quedó marcado en esos pantalones. Saqué el labio inferior hacia fuera asintiendo levemente y sonreí. Podría vivir con ello. Cogí mi maleta y saqué las llaves de mi portal mientras me dirigía a la puerta para abrirla. Me giré y vi a Sash despistada, mirando hacia todos lados. No pude evitar sonreír para mí.

- Sash, si quieres que saco el colchón aquí fuera para que duermas.- Y solté una carcajada. Ella volvió en si y me siguió. Subimos un par de pisos en el ascensor hasta llegar a mi piso. Tambaleándome ligeramente por la maleta me acerqué a la puerta negra y la abrí con cuidado. Una oscuridad total nos esperaba dentro del piso, pero alargué la mano derecha y toqué el interruptor. Un corto pasillo se iluminó y entramos. A unos pocos metros de la entrada, el primer cuarto se situaba a la derecha. Era el cuarto de invitados. Una enorme cama de matrimonio, con varios cojines que descansaban sobre ella, y dos armarios blancos situados entre la cama y la puerta. Unas toallas esperaban al final de esta. Al otro lado de la cama, una pequeña ventana dejaba entrever las calles de Ginebra. Me volví a Sash con una sonrisa. - Esta es la suitte imperator, preparadita sólo para ti. Deja si quieres la maleta y ponte cómoda. El baño está saliendo a mano derecha, justo al final del pequeño pasillo. Cambiate si quieres o date una ducha. Yo voy a dejar mi maleta y a ver qué puedo preparar de cena.

Salí del cuarto tras darle un beso y me dirigí al mío. La puerta del cuarto estaba justo en una esquina. Al final del pasillo estaba el cuarto de baño de invitados tal y como le había indicado a Sash, y en la pared contraria al cuarto un pequeño armario donde guardaba las herramientas y demás artilugios para las cosas de casa. Al girar la esquina se abrió el salón ante mi. En la misma pared donde se encontraba el baño de invitados estaba el baño que usaba yo, y después el salón. Este era grande y de forma rectangular. A mano izquierda según se entraba había una mesa rectangular negra con seis sillas, una gran estantería con libros, fotos y algunas cosillas de decoración, y después la cocina, pequeña pero accesible. En el otro lado del salón había un hueco que entraba en la pared del fondo donde un par de pequeños sofás y dos sillones miraban a una televisión colgada de la pared. Dejé las llaves en un largo mueble que llegaba por la cintura, en la pared de la derecha según enrabas al salón. A su lado, estaba apoyada mi querida guitarra que tantas noches me había hecho compañía. Mirando hacia los sillones en el hueco que entraba donde los sillones había un armario donde guardaba las toallas y los manteles En la pared del otro lado, estaba mi cuarto. Entré, dejé mi maleta y me puse un sencillo pijama antes de salir al salón e ir a la cocina.

Comencé a abrir los armarios y la nevera buscando qué hacer. Lo había dejado todo preparado la semana pasada para que tuviésemos algo que comer al llegar. Calenté un poco de aceite en una sartén y encendí el horno. Un par de tostas de queso con tomate y jamón y unas tortillas darían el pego. Y el plato fuerte, el postre. Salí de la cocina mientras se calentaban las cosas y me dirigí a la mini cadena que había situada en la estantería, saliendo de esta a la derecha. Enchufé mi teléfono y puse un poco de música tranquila de ambiente. Tarareando la canción que sonaba volví a la cocina y me puse a preparar la cena. Metí las tostad en el horno y dejé la tortilla haciéndose. Un par de pequeños manteles, dos platos, unos cubiertos, agua, pan, servilletas, y abrí una botella de vino que descorché para dejarlo respirar. No nos la íbamos a acabar ni de broma esta noche, pero brindar me encantaba, y más con la gente a la que tenía cariño. Volví a la cocina justo a tiempo para dar la vuelta a la tortilla. Eché un poco de sal y olí con cuidado. Una maravilla. Tenía unas manos que ni el rey midas para la cocina, y sonreí para mí mismo.

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MensajeTema: Re: Dos billetes a Ginebra, por favor. (Celsit) 6 de Abril de 2018.   6th Agosto 2014, 02:25

Era una casa no muy diferente a la composición de los pisos de mi barrio, a pesar de que Europa era otro mundo para mí. Pasé a la habitación de invitados deslizando mi mano libre por el mueblecito del pasillo principal. Estaba limpia, olía bien a pesar de que había estado cerrado y había sido preparada con anterioridad, y no hacía falta que me lo dijera. Me dio un beso dulce y fugaz, y me dejó a solas. Suspiré mirando a mi alrededor sin ser consciente de la sonrisa que no se había rebajado desde que salí del taxi.

Abrí el armario de par en par y vi que estaba más vacío que el de un hotel salvo por un par de cosas en las que apenas me fijé. Subí la maleta pesada en la cama y la abrí dejando ver toda la ropa, incluido el disfraz de sirvienta francesa para la feria, mi ropa de calle, algún trapito elegante... y mi pijama que no llegó a tocar el armario. Lo dejé encima de la cama y en cuanto terminé de recolocarlo todo y dejar la maleta en un lado de la habitación me lo puse. Saqué de la bolsa de mano el móvil, el cargador, la cartera... y lo dejé junto a una mesilla de noche. No quería usarlo más que de alarma esa noche, y si pasaba algo grave Xavier sabría contactar conmigo y Elsa tenía el móvil del trabajo así que lo dejé en modo avión. Escuché cómo Planaria salía de su cuarto y empezaba a trastear en la cocina. Supuse que no le corría prisa por verme y me desplomé encima de la cama, con los brazos extendidos igual que las piernas y con la cara apoyada en un cojín de casualidad.

Y perdí toda memoria hasta que el sonido de un corcho me despertó. Me erguí muy rápido y me cepillé el pelo con las manos después de limpiarme un hilo de baba que me caía por la comisura. No pretendía dormirme... fue un desliz bastante tonto. Le di la vuelta al cojín y salí de la habitación notando la suavidad del suelo de madera en la palma de mis pies. Me miré en un espejo, no parecía haberme quedado dormida. Carraspeé un poco para evitar asustarle y le sonreí desde su espalda. La mesa estaba puesta, olía a vino y a sal. No podría estar mejor.

Le abracé y recuerdo sus ojos llenos de ilusión y cansancio. Vi en ellos un reflejo de mi propia ternura. Sentí ganas de cuidarle y protegerle aunque no le hiciera falta. Sabía que yo podía ayudarle, ser su guardiana ahí donde más dolía. Eso que no se regeneraba. Y pensaba hacerle feliz.
Le sujeté la cara con una mano en cada mejilla y le di un beso que a mí se me hizo a cámara lenta. Un pequeño aire frío salió de mis labios mientras se iluminaban en un tono azulado pálido y brillante. Independientemente del aliento frío me encargué de darle a ese beso suficiente calor.
Dediqué una sonrisa de punto y final mientras seguía mirando a sus labios.

- Eres increíble. -

Y me senté a la mesa, solo con ese aroma delicioso la comida ya dejaba por el suelo la bazofia del avión. Me relamí ansiosa y con mariposas en el estómago, mezcla de los nervios, el beso y el jet lag.

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Planaria Glámez
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MensajeTema: Re: Dos billetes a Ginebra, por favor. (Celsit) 6 de Abril de 2018.   6th Agosto 2014, 03:55

Allí estábamos, sentados, cenando, como hacía una semana en su piso. Parecía que hubiese pasado un año casi desde aquella noche. No era la cena más elaborada que había hecho, pero fue más por achacar el hambre que otra cosa. Un par de platos improvisados y la comida del avión no fue más que un recuerdo lejano. Brindamos y comenzamos a comer. Sash llevaba un pijama sencillo que marcaba sus curvas y yo suspiraba levemente, sin poder esconder mi sonrisa. Di un trago al vino y la miré.

- Bueno, ¿qué te parece? No es donde siempre resido, como ya sabes. La mansión está en las montañas. Tal vez te lleve para que la veas y conozcas al resto de mi familia. No son mala gente, pero son algo reservados con la gente nueva.- Especialmente Tanith. Era bastante cuadriculada en ese aspecto. Le gustaba tenerlo todo controlado y saber en todo momento qué hacíamos o dejábamos de hacer. Eso a veces me molestaba, ya que me encantaba ser un espíritu libre. Pero sabía que no lo hacía de mala fe.

- ¡Está muy muy bien! ¿Quién lo diría de un ingeniero eh...?- Me dio un pequeño toque en el brazo y rió. Yo hice la típica cara de burla y le saqué la lengua. A decir verdad, no recordaba haberle enseñado a Sash muchos de mis inventos. No eran gran cosa, pero siempre resultaban algo útiles. Después se puso un poco más seria y me habló de los Abyss.- No es necesario que me los presentes... No querría molestar y quizá prefieran quedarse con su ritmo de rutina...

- No les vas a molestar. Ellos son mi familia, y ahora tú también lo eres, así que quiero que lo sepan y que me vean feliz.- ¿Qué madre no querría ver a su hijo feliz con una chica? Sash era un amor, posiblemente la mejor chica que yo había conocido nunca. Me quería por lo que era, y lo más importante, yo sentía que ella me necesitaba. No me necesitaba para resolver todos sus problemas, pero sí sentía que ella me quería y que valoraba mi opinión y mis consejos, algo que me hacía sentir querido y lleno, por simple que pareciese el gesto. Alguna que otra pregunta suelta completó la cena. Ella quería saber qué tenía pensado para esos días, pero me hice el interesante no respondiendo a nada. Intentó picarme para que soltase prenda, pero no dije nada. Quería que fuese sopresa. Una canción lenta comenzó a sonar, y como habíamos acabado de cenar y estaba de humor, me levanté y la cogí de la mano para bailar un poco con ella. Unos pasos simples y sencillos, dando unos giros, pegados el uno al otro. Finalmente nos dimos un tierno beso y le acaricié la cara, colocándole bien unos mechones que le caían por el rostro, cubriéndoselo levemente. Una despedida tierna y bonita, y nos fuimos a dormir.

· · ·

El despertador me sonó y lo apagué con cuidado. Eran las diez de la mañana. Me había permitido el lujo de dormir un poco más debido al viaje y a que nos acostamos tarde. Remoloneé un poco en la cama, y finalmente me levanté para preparar todo. Cogí mi ordenador portatil y salí a la mesa del comedor. Leí un poco la prensa y revisé los planes que tenía preparados para Sash. No pude evitar sonreír como un tonto pensando en ello. Aproveché para revisar unas cosillas que tenía pendientes del trabajo. Mandé un par de correos y luego me di una ducha rápida. Al salir Sash todavía seguía dormida, así que aproveché para vestirme e ir a la tienda de abajo a comprar unos dulces y bollos para desayunar, así como algo de pan. Le dejé una notita a Sash en la puerta del baño donde le decía que podía hacer lo que quisiese. Además del dulce compré un poco de queso suizo y unos huevos para hacer huevos revueltos o fritos, dependiendo de si le apetecía un desayuno salado. La noche anterior metí leche en la nevera para que estuviese fresca, y compré también unas naranjas para hacer zumo, y en menos de veinte minutos estaba entrando en mi piso de nuevo.

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MensajeTema: Re: Dos billetes a Ginebra, por favor. (Celsit) 6 de Abril de 2018.   7th Agosto 2014, 00:07

Me desperté con las sábanas más pegadas que de costumbre. Me desperecé disfrutando unos instantes adicionales de la suavidad de la cama. No había tenido un sueño precisamente tranquilo. Se me plantearon escenas de mi infancia, la parte que no recuerdo. No amanecí especialmente feliz pero decidí darle una vuelta de tuerca. Había sido un simple sueño. La realidad era bien distinta. Abrí la puerta con una sonrisa en los labios y no escuché nada, decidí salir a explorar la casa intentando no perturbar su intimidad, tratando de no mirar donde no debía. Me revolví un poco el pelo para que no pareciese tan caótico, sin darle mucha importancia.

- ¿Plana? -no obtuve respuesta.

En la segunda ronda de intentar encontrar algo vi la notita del baño y eché una visual al mueble del pasillo, faltaban las llaves. Ahora era yo la que estaba de "intrusa" más o menos y tendría que adaptarme. Él tendría sus cosas que hacer. "Haz lo que quieras". Hm... ¿sí? No sabía cuánto tardaría en volver y fui escopetada a la cocina.
Harina....harina harina harina ¡AQUÍ!, azúcar... ¿esto? Puajj, sal. Eeeeeesto es azúcar. y... leche leche leche... esto.
Encontré una sartén y echándolo todo en un recipiente de plástico que encontré en un armarito, mezclándolo bien con un tenedor, fuerte, apoyé la sartén en mi mano derecha y eché un poco de mantequilla que se fundió nada más tocar la base. Eché la mezcla en cuatro tandas quedando el resultado 4 tortitas gruesas al más puro estilo americano. Las dejé en un plato. Yo generalmente prefería desayunar salado para no saturarme y él tenía que comer mucho. Iban bien de mantequilla y de azúcar, para que plana empezase bien el día. Además seguramente tuviese algo pensado de desayuno, eso era un pequeño extra. Miré la hora y después de haberlo limpiado todo como un rayo y haberlo dejado donde estaba fui dando saltos a la habitación y cogí una ropa sencilla de la que me traje, vaqueros largos y rotos con una blusa negra de encaje y transparente que llevaba una camiseta interior negra por dentro. Me sentía coqueta.
De otros saltos me metí a la ducha. No necesitaba saber cómo funcionaba para no helarme ni quemarme y tampoco necesitaba toalla, tengo que reconocer que era práctico.
Y justo cuando estaba en mitad del pasillo, sacudiéndome la humedad del pelo, terminarlo de removerlo y dejarlo como un huracán de melena, escuché la puerta abrirse y miré hacia allí con una sonrisa.

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MensajeTema: Re: Dos billetes a Ginebra, por favor. (Celsit) 6 de Abril de 2018.   7th Agosto 2014, 01:54

- ¡Oh! ¡Buenos días preciosa! Veo que te has duchado, ¿qué tal has dormido? Oye, ¿y eso que te has puesto? ¡Que alguien llame a la televisón que se me ha colado una modelo en casa!- Y le di un tierno beso mientras me dirigía con las bolsas a la cocina. Estaba my guapa. No sabía si se había arreglado o qué, pero me dejaba embobado siempre. Cuando vi que había preparado unas tortitas quise comérmela. Era un amor. Desde que le conté que necesitaba comer más me cuidaba enormemente trayéndome dulces de los suyos y cosas así cuando nos veíamos. Al menos lo había hecho estos días allí en Nueva York. Dejé las bolsas en la encimera y comencé a sacar lo que había comprado.- Gracias por las tortitas Sash, ¡tienen una pinta deliciosa! Qué bien me cuidas jajaja. He aprovechado para comprar algunas cosillas para el desayuno. ¿Qué prefieres, dulce o salado? Yo ya sabes que comeré de ambos, así que tendrás donde elegir jajaja.

Preparé unos huevos revueltos y algo de bacon. Además, saqué jamón y trituré un poco de tomate, tosté el pan recién comprado y saqué aceite de oliva y sal por si quería. Por la parte dulce los bollos que había comprado, chocolate, cereales, unas galletas y mermelada y mantequilla, además de algo de la fruta que había comprado. Mientras se hacían los huevos hice zumo de naranja y entre los dos llevamos todo a la mesa. Comimos tranquilamente, disfrutando de la compañía. Mastiqué una tostada con jamón y tomate, y al tragar, sonreí a Sash.

- Hace un día estupendo. Tenemos veintidós grados y el cielo está despejado. Aunque bueno, a ti el tema del frío o el calor te da un poco igual jajajaja. Pero bueno, tengo un par de cosillas pensadas que espero te gusten.- Y luego le guiñé el ojo. Al cabo de unos minutos recogimos la mesa y nos limpiamos los dientes. Antes de salir de casa, abrí el armario que había junto a la puerta del baño donde guardaba las herramientas y demás historias y cogí dos cascos de moto, dándole uno a Sash. Era de esos totalmente cerrados, de color rojo y con la pegatina de un copo de nieve en la parte trasera. La verdad es que había sido más casualidad que otra cosa, pero fue una casualidad muy divertida. Le sonreí y le guiñé un ojo mientras hacía un gesto de que abandonásemos el piso.- ¡Venga Shas, vamos! Has montado en moto alguna vez, ¿verdad?

Bajamos al garaje y arranqué mi moto, la cual rugió con fuerza, resonando por todo el piso. Se montó detrás y se abrazó a mí. Arranqué y salimos por la puerta. Le dejé una chaqueta más por la protección que por el frío, el cual sabía que ella no iba a pasar. Salimos a la calle que recorría el borde del lago y me dirigí hacia los límites de la ciudad. Me encantaba la moto. Era una sensación única. Sentir el viento a mi alrededor, los olores, los sonidos de la naturaleza... Era una manera totalmente distinta de ver la carretera que cuando vas en coche. Me sentía vivo y libre, como cuando surfeaba los cables de alta tensión. Alcanzamos una carretera que subía por la montaña y comenzamos a serpentear por ella. Los bosques de coníferas nos rodeaban, y dejaban entrever el cielo azul a través de sus copas y ramas. Algún que otro valiente animal nos miraba desde el borde de la carretera, y al cabo de unos minutos el bosque se tiñó de blanco. La nieve nos rodeaba, convirtiendo aquella imagen en una bonita postal navideña. Aunque era abril los Alpes estaban siempre nevados hasta casi finales de mayo, algunas veces incluso hasta junio. Pasado un rato largo llegamos a un pequeño aparcamiento en medio de la nieve. Llevábamos más o menos una hora de viaje, y la temperatura había bajado algo más drásticamente. Aparqué y esperé a que Sash se bajase. Desde allí, podía verse la ciudad de Ginebra a lo lejos, oculta tras algunas colinas verdes. Sonreí a Sash mientras me quitaba el casco y me colocaba un poco el pelo.

- Tú tienes tu playa en Nueva York, y yo tengo mi mirador en los Alpes. Ya he visto lo que eres capaz de hacer con el agua, pero me preguntaba lo que serías capaz de hacer con la nieve. Además, las vistas desde aquí son preciosas, y creo que el viaje, aunque un poco largo, habrá merecido la pena.

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MensajeTema: Re: Dos billetes a Ginebra, por favor. (Celsit) 6 de Abril de 2018.   9th Agosto 2014, 03:19

Entre caricias y risas estúpidas empezamos el día. Efectivamente el sueño era sólo eso. No paraba de asombrarme la capacidad de Planaria de hacerme sonreír con cada gesto. El plato con el que empecé la mañana me hizo recordar la cena exquisita que me presentó cuando él llegó. Y yo no había hecho nada.. Ya me encargaría de preparar algo. Me relamí mientras daba el último trago de zumo,  totalmente satisfecha. Cogí el casco y lo miré con media sonrisa, como si le preguntase al universo sobre la ironía  del dibujo que había en él.

La verdad es que había montado en moto alguna vez, pero él fue el mejor piloto al que pude acompañar. Le daba la caña en los momentos necesarios y se preocupaba de que yo estuviese bien. Me abracé a él y recuerdo acariciarle el abdomen de vez en cuando al ver una recta larga. La sensación era maravillosa. Notaba cómo el aire volaba a mi alrededor y cómo mi cuerpo se enfriaba poco a poco, lo noté y no quise cambiarlo. Decidí disfrutar por un momento de las sensaciones de mi entorno, cerrando los ojos de cuando en cuando mientras sonreía como una idiota. No paraba de mirar a mi alrededor nerviosa y llena de euforia, como pretendiendo aprenderme todas las imágenes que rondaban mi mente y llenaban mi corazón en ese instante. Aparcó en mitad de la nieve, en una zona despejada que parecía un aparcamiento de una plataforma montañosa. ¿Tanto habíamos subido..? Escuché lo que me decía mientras me quitaba el casco lentamente y sacudiendo la cabeza y con una mano me colocaba el pelo. Mi aliento echaba vaho y me había desconcentrado tanto de mi temperatura que tenía la nariz roja. Miré a mi alrededor y me quedé helada aparte de físicamente. Era sobrecogedor. Las vistas, el infinito, la ciudad con el tamaño de una pipa,  las colinas, el manto virginal blanco y el ambiente de hielo, misterio y vida que le rodeaba...
Respiré hondo intentando no jadear y sin poder evitar la sonrisa. Tardé en reaccionar, y con motivo. Eran preciosas incluso las vistas de la parte trasera. Solté un grito incontrolable y me abracé a Plana del cuello mientras enganchaba mis piernas en su cadera como un koala. Mientras le llenaba la cara de besos no podía parar de gritar

- ¡¡¡Gruacias mruacias grasias muradias!!! - adoraba esas sorpresas. Adoraba que quisiera conocerme, que quisiera conocer mis poderes, que me probase... Le adoraba a él. Volví a regular mi temperatura mientras aún estaba con él, para darle un poco de calor. Me bajé de él y le di un beso lento y cargado de sentimiento, mientras deslizaba  mi mano por dentro de la camiseta, dibujándole un corazón caliente en la espalda. Me separé de él un poco e hice algo que en Nueva York siempre había querido probar, aunque por desgracia allí nunca nevaba lo suficiente como para que cuajase sin que el ayuntamiento echase sal por "seguridad ciudadana". Supuse que a Plana le chocaría bastante, bueno, a él y a cualquiera que me viese. Lo primero que hice fue quitarme el calzado y los calcetines y dejarlos encima de la moto. Al apoyar los pies en el suelo de nuevo sentí como cuando un bebé se pone de pie por primera vez... como cuando un gato pisa la hierba fértil o como cuando un pájaro vuela por primera vez. Era una sensación magnífica, suave, mullida y... era increíble.
Sonreí mirándome los pies, jugando con los dedos mientras se me dibujaba en las mejillas una sonrisa infantil que no ponía desde el circo.

Apliqué el calor justo por la planta de los pies como para que la nieve se alisase a mi paso y fuese formando pequeños carriles deslizantes por donde yo pisase. Era como patinar sobre hielo, y disfrutando de mi vuelta fugaz a la adolescencia, empecé a dar vueltas alrededor de él patinando hacia delante y hacia atrás sin perderle la vista. Sonriendo, desafiante.

- Ten en cuenta que nunca he peleado en la nieve. Lo que aprendí en la mansión lo aprendí para siempre, aprender a sacar partido a mis poderes usando mi entorno  ¿Quieres empezar por algo bonito o por algo de pelea?


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MensajeTema: Re: Dos billetes a Ginebra, por favor. (Celsit) 6 de Abril de 2018.   11th Agosto 2014, 13:45

Sabía que iba a disfrutar con aquella excursión. No sabía hasta que punto allí en Nueva York tenía tenta nueve a su disposición. Sabía que nevaba por noticias y películas, pero al ser una ciudad grande siempre tendían a limpiarlo todo para que no hubiese accidentes ni nada por el estilo. Allí, en los Alpes, destino para cualquier amante de los deportes de invierno como el esquí o el snowboard, tenías toda la nieve y hielo que pudieses desear. Se me lanzó a los brazos rodeándome con brazos y piernas. Me encantaba cuando hacia eso. Me sentía tan cercana a ella y tan unido... Era cálida y enamoradiza, tanto como yo. Suspire y luego la bese cuando se bajó, a la par que ella dibujaba con su mano un corazón en mi espalda y me daba calor con su cuerpo. Era un auténtico ángel.

Entonces hizo una de esas cosas que me embobaban y me dejaban con la boca abierta y los ojos perdidos: hizo su magia. Se descalzó y metió los pies por completo en la nieve. Estuve a punto de estirar el brazo hacia ella para pararla, pero ¿qué digo? Controlaba la temperatura. Aún me costaba un poquillo darme cuenta de ello. La contemplé con una sonrisa, y se pudo a patinar a mi alrededor calentando la nieve y dejando unos pequeños carriles de hielo azulado a su paso. Daba vueltas a mi alrededor con una sonrisa y preguntándome que quería, sí algo de pelea o bonito primero. Todavía guardaba el recuerdo de los carámbanos en mi rodilla, que provocó que varias lágrimas me saltasen de dolor y que casi me cayese al suelo cuando me lo clavó en la rodilla. Sabía, o quería pensar, en que esta vez no sería algo tan violento, así que, disfrutando de aquel espectáculo dando vueltas a mi alrededor le sonreí.

- Me gusta eso de un poco de pelea. Siempre viene bien para animar el asunto. Además, prefiero lo bonito para luego, así puedo consolarte por perder contra mí.- Y le guiñé un ojo mientras cogía su casco y me dirigía a la moto para dejarlos. Ella era capaz de crear hielo y tenía una puntería perfecta, pero yo no me quedaba atrás. Capaz de acertar a un punto del tamaño de una aceituna a más de veinte metros a ojo me habían proporcionado una puntería extrema. Y sí le añades que todos los inviernos nevaba a lo bestia en Ginebra, estaba más que preparado para una guerra de bolas de nieve. Porque era eso a lo que se refería, ¿verdad? Dejé los cascos y amasé una pequeña bola de nieve, palpándola con las manos y sonriendo. Me giré dispuesto a lanzársela.- ¿Preparada?- Aunque me dí cuenta de que el que no lo estaba era yo.


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MensajeTema: Re: Dos billetes a Ginebra, por favor. (Celsit) 6 de Abril de 2018.   11th Agosto 2014, 21:58

¡Me estaba retando! ¿Cómo se te ocurre retar a alguien que controla la temperatura a una pelea de nieve? Empecé a acelerar gradualmente, yendo cada vez más rápido alrededor suya, acelerando a un ritmo lento.

- Oh... ¿Crees que vas a tener que consolarme? Qué rico. -  dije ya pillando una velocidad peligrosa. Y me dio el pistoletazo de salida - ¡ Nací preparada! Y me agaché cogiendo tres bolas de nieve que formé en mis manos. Tiré la primera bola, aunque no pude ver si le dio o no por concentrarme en lo siguiente. En un segundo mi trayectoria cambió saliéndome del círculo y me dirigía a la misma velocidad hacia él. Cuando estaba a un metro , hice hervir con la planta de mis pies la nieve, haciendo una rampilla cóncava que pasaba entre sus piernas. Dándome hueco para pasar por debajo de ellas. Me agaché para pasar por debajo de sus piernas aprovechando el hueco en la nieve que había creado y le tiré dos bolas antes de que le diese tiempo a darse la vuelta y mirar hacia mí. De un salto volví a incorporarme al círculo y a dar vueltas de nuevo. Busqué el ángulo correcto y me dirigí a él de nuevo, hacia su mano con la bola de nieve. Choqué la mano con la bola, haciendo que se desmenuzara y salté en su espalda, enganchándome sobre sus hombros usando mi mano sobre su pecho como enganche, desde atrás. Aproveché la nieve que quedaba desmenuzada en la mano de Plana y se la restregué por la cara entre risas.

- Puedo consolarte si quieres - dije dándole un mordisco desde atrás a su oreja derecha. Y me bajé de su espalda intentando contener la carcajada, malamente. Me desplomé en la nieve de la risa. Y le daba golpecitos con el puño.

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MensajeTema: Re: Dos billetes a Ginebra, por favor. (Celsit) 6 de Abril de 2018.   12th Agosto 2014, 04:28

No me había terminado casi de dar la vuelta cuando la vi salir a toda velocidad hacia mí. Me lanzó una primera bola de nieve y la esquivé de milagro, notando como me rozaba. Se había armado con varias en un abrir y cerrar de ojos. La apunté con mi bola pero era demasiado rápida e imprevisible. Giró a mi alrededor, y cuando quise darme cuenta había cambiado sí trayectoria, pasando repentinamente por debajo de mí. Con sí hubiese sido una imagen a cámara lenta casi juré que pude verla con una gran sonrisa picarona, la típica que pones cuando sabes que la situación está donde tú querías. ¡Plaf, plaf! Dos bolazos, uno en la cara y otro en el pecho. Me giré a toda velocidad para golpearla pero era muy rápida, y sentí como me daba en la mano, convirtiendo mi bola de nieve en un amasijo de copos sin poderse lanzar. De un salto se encaramó a mi espalda y me restregó victoriosa la nieve que había en mi mano por la cara. Humillado y derrotado. No sabía muy bien como sentirme, sí avergonzado por ir una vez más de listillo o flipado por la actuación de Sash. Me dio unos golpecitos con el puño, desplomándose sobre la nieve.

Ladeé la boca mostrando media sonrisa, y me lancé sobre ella. Lo hice con cuidado para no aplastarla, y una vez tumbado sobre ella solté mi cuerpo para aplastarla cariñosamente contra el mullido colchón blanco. Empezaría seguramente a golpearme con cariño diciendo que me levantase, así que me giré hacia su cara y la sujeté con ambas manos, mirando aquellos preciosos ojos verdes y esos labios de fresa que me volvían loco. Le sonreí.

- Estás empezando a cogerle vicio a esto de ganarme y sorprenderme, ¿eh? ¡Pero ya te digo que no me pillarás una tercera!- Me pillaría. De calle además. Pero me gustaba jugar a esta especie de peleilla que teníamos de ver quién era el "más fuerte". Era divertido, y alguna de mis provocaciones sacaba lo mejor de ella. Le dí un beso esquimal y luego un tierno beso en los labios, terminando por levantarme y a ella conmigo.

Miré entonces a la casa que teníamos a nuestras espaldas y le dije que me siguiese mientras le pedía que hiciese lo bonito, ahora que habíamos hecho la pelea. Cuando estábamos cerca de la casa saqué de mi bolsillo unas llaves y abrí la puerta. Ante la mirada sorprendida de Sash le sonríe y le invité a pasar.

- Conozco a los dueños de la casa desde hace años. Me gustaba mucho subir aquí arriba y un día los conocí y una cosa llevó a la otra y terminamos hablando de un poco de todo. Les conté que venías unos días y les pedí sí podían dejarnos la casa para comer y pasar el día aquí en la montaña, y me dijeron que no había problema. Así que siéntete como en casa y no dudes en pedirme cualquier cosa que quieras o necesites. El baño está en el piso de arriba por sí lo necesitas. Puedes dejar aquí en este perchero las cosas. Voy mientras tanto a hacer la comida. De hecho, ahora que lo pienso, ¿te importaría encender el fuego? Tienes leña al lado de la chimenea, sí la han dejado claro.- La casa era realmente acogedora y preciosa. Les dí a los dueños dinero para que me comprasen los alimentos que había pedido, así como un extra por las molestias. Ellos me habían ofrecido la casa para todo el día y la noche, aunque no sabía sí nos quedaríamos allí hasta el día siguiente. Delante de la chimenea había una pequeña mesita y a ambos lados sillones con piel de ciervo por encima; algunos cuadros con hojas o dibujos de animales o huellas de estos; objetos hechos de madera; alguna foto y un par de armarios con cristalera eran las cosas más cercanas que nos rodeaban, además de una larga mesa rectangular para comer. Unas pequeñas escaleras de madera subían al piso de arriba, donde se encontraban los baños y los dormitorios. La cocina era típica de casa de montaña, casi toda de madera y con unos fogones junto a la ventana. A la altura de esta había un fregadero, y más allá una nevera moderna con la puerta gris. La abrí y vi que estaban todos los ingredientes que les había pedido. Saqué un trozo de lomo y lo coloqué en una bandeja, cubriéndolo con mostaza, un poco de vino blanco, una hojita de laurel y aceite. Calenté el horno. Tardaría unos veinte minutos, así que aproveché para trocear unas patatas, hacerlas un poco y ponerlas alrededor del lomo. Lo metí en el horno y luego me dispuse a hacer el primero. Un enorme reloj que había sobre la puerta mostraba las manecillas marcando las dos de la tarde. Con la tontería del viaje y las cosas de la nieve habíamos pasado toda la mañana. Puse a cocer algo de arroz y decidí hacer tiempo saliendo al salón para estar un rato con Cels tranquilamente.

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MensajeTema: Re: Dos billetes a Ginebra, por favor. (Celsit) 6 de Abril de 2018.   17th Agosto 2014, 23:50

Cuando la cosa se relajó me dijo que le siguiese a la casa. La única casa. Esa casa. LA casa. Era preciosa por fuera y el paisaje a su alrededor increíble. No me creía que de verdad fuésemos a entrar, creí que me llevaba para estar un poco más acomodados, o que sería un refugio. Pero me confirmó mis sospechas al sacar unas llaves. Abrió la puerta y yo no me lo creía. ¡Era increíble! El ambiente de la casa, la pureza... Era magia. No lo mío, no lo de ningún héroe, no era ningún gen mutado, nada de ciencia. Magia pura. Me despertó su petición de encender fuego. Ah, fuego, sí... Perdón
Pero no lo dije, no sé muy bien por qué.

Me acerqué a la chimenea y en un hueco bajo el destinado al fogón había uno más pequeño con la leña. Cogí tres maderos gruesos y los apoyé bien centrados en la chimenea. Apoyé la mano encima de ellos y con un chasquido sonoro se encendió un fuego vivaz. Me levanté y vi los bajos de mis pantalones húmedos, me los quité muy rápido mientras él trasteaba en la cocina y los sacudí sujetando con mis manos calientes la parte de la costura del tobillo. Me los puse rápido y justo llegó para verme colocarme la bragueta e intentar abrocharme el botón, con una sonrisa estúpida de circunstancia en mi cara. Vi su cara de pasmo total y absoluto con la boca entreabierta y una ceja levantada. Su mano lentamente se movió con el dedo índice señalando una puerta.

- Te..tenías ahí el baño si querías... Espera, ¿qué hacías? -

- Es  que... creía que me daba tiempo de secar la parte de abajo antes de que vinieras... jeje No importa - dije  terminando de abrocharme el condenado botón. Y me senté en el sofá en la parte más alejada de la lumbre pasando un brazo por el respaldo, cediéndole a él el asiento con la mano derecha, para dejarle el calor. Una vez se sentó a mi lado le miré con una sonrisa demasiado normalizada y me pareció el momento ideal, aunque quizá no pudiese llevarlo a cabo... - Oye... ¿aquí no podrás regalarme parte de tu magia no ? - le pregunté con los ojos acuosos mientras le hacía un gesto tocando una guitarra invisible. De verdad lo necesitaba. Aunque no me importaría esperar un poco más, pero era perfecto. El lugar, la experiencia, la sorpresa, el ambiente, la risa, las mariposas en el estómago...
Estaba todo lo que quería.

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MensajeTema: Re: Dos billetes a Ginebra, por favor. (Celsit) 6 de Abril de 2018.   18th Agosto 2014, 00:48

Cuando salí de la cocina me encontré a Cels cerrándose el pantalón y me quedé un poco bloqueado. No sabía muy bien que hacía así que le pregunté. Pantalones mojados. Pobre. Y entonces me di cuenta de que los míos también estaban algo húmedos. Bueno, un rato al lado del fuego los secaría. Mientras ella rodeaba el sofá y se sentaba pensé en sus piernas. Las vi la noche de Nueva York en la playa. Me mareé un poco recordando la perfección de estas. Su brillo y suavidad, su perfección, su forma... Y todo ello añadido a su manera de andar. Menudo bombón tenía delante. Más me valía no fastidiarla. Me senté a su lado y me dijo sí podía hacerme mi magia, refiriéndose a que le tocase un poco la guitarra.

- Pues, ahora que lo dices, creo que tienen una guitarra aquí. Dame un segundo preciosa.- Me levanté y le di un pequeño beso en los labios. Abrí un armario que había al lado del baño, donde se guardaban abrigos y demás, y vi una funda. Saqué la guitarra y me dirigí al sofá con una sonrisa triunfante.- ¡Premio! Recordaba que tenían una. Es un poco vieja pero nos servirá.- Toqué las cuerdas y la afiné en cuestión de segundos. Comencé a tocar algunos arpegios y, mientras pensaba qué cantar, comencé a tocarle el "romance anónimo".

Recordaba mis tardes en la universidad con la guitarra. A la gente le encantaba, y ligué con alguna que otra chica, aunque nunca pasase nada más allá del jardín de la escuela o los bancos del parque. Me sentía en mi elemento cuando la tocaba, danzando en un bello mundo musical que tan sólo puede sentirse para saber qué es. Mis yemas recorrían las cuerdas y los trastes con suavidad, como sí de una chica se tratase, acariciándola y mimándola con dulzura, tocando allí donde hacía sentir. Una parte de mi se ruborizó al pensar en eso último. Cels y yo llevábamos poco tiempo, pero sabía que tarde o temprano, sí todo iba bien, acabaría dándole algo más que besos. Dios, que mal. Yo lo máximo que había tocado a una chica había sido ella cuando la abrazaba o recorría su rostro con delicadeza. Bueno, ella me ayudaría... O eso quería pensar. Sólo deseaba que tuviese paciencia conmigo. Era lo más ajeno a esos temas que se me ocurriese.

- Hay un par de cancioncillas que puede que te gusten... Una es un poco antigua, pero me trae buenos recuerdos de la universidad.- Le toqué la canción "Romeo & Juliet", de los Dire Straits. Era bonita y me apetecía algo suave. Intentaba entonar lo mejor que podía, sintiendo cada nota y acorde, sonriéndole mientras le cantaba, lanzándole algún que otro guiño divertido. Entonces me di cuenta de que no sabía sí ella cantaba o no, o de sí sabía tocar algún instrumento. Bueno, luego se lo diría. Terminé la canción y me sonrió, mostrándome aquella perfecta e hipnotizante sonrisa que me volvía loco. Le saqué la lengua y comencé a trastear de nuevo.- ¿Qué tal algo más personal?- Y canté la canción que le había compuesto. Sus inmaculados ojos verdes brillaron con pureza y sus manos temblaron ligeramente. Jamás imaginé que le gustase tanto esa tonta canción que compuse una noche. Era muy especial para mí, y más ahora que estábamos juntos. Y sentí que debía componerle algo. Una manera personal de decirle lo mucho que la quería y me había cambiado para bien. Cada vez que la tocaba mi alma revivía y saltaba de alegría, llenándose de ilusión y magia. Suspiré para mí y deseé que ese momento no acabase nunca. Era magia. Esa magia que hay gente que de tira una vida buscando. Y yo la tenía junto a mí, embobada con mis canciones.

Cuando terminé le sonreí y vi su sonrisa y sus ojos brillar, con las manos aún temblando ligeramente. Le tomé la derecha y se la besé.- Oye, estoy aquí cantando mis cosas y no te he preguntado lo que te apetecía... ¿Alguna petición en concreto cielo?

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MensajeTema: Re: Dos billetes a Ginebra, por favor. (Celsit) 6 de Abril de 2018.   21st Agosto 2014, 01:17

No necesité más que una palabra para que él supiese a lo que me refería, y tengo que reconocerlo, esa conexión era algo cómodo totalmente fuera del romanticismo. Le sonreí mientras se iba a buscarla y esperé sentada en el sofá, estilo indio, cogiendo cada pie con la mano opuesta. Aterrizó en el sofá con una guitarra más que preciosa, con un sonido más que especial. Estuve escuchando cómo afinaba con una sonrisa inconsciente en los labios, tanto mía como suya. Entornaba los ojos de vez en cuando, y eso le hacía encantador. Me gustaba escucharle cantar, aunque no fuese el mejor cantante del mundo, aunque desafinase de vez en cuando. Le ponía empeño y eso era algo precioso.

Terminó robándome la frase que iba a decir. Una petición. Definitivamente no se lo esperaba. Le contesté asintiendo mordiéndome el labio. Me recliné sobre el sofá y saqué de mis pantalones un papel doblado, un poco arrugado y lo apoyé en la mesa baja que teníamos ante nosotros. Lo estiré con ambas manos todo lo que pude y le hice un gesto como si escribiese en el aire con un bolígrafo invisible. El que la mayoría de gente hacía para pedir la cuenta en un local. Él se levantó con un "Oh, claro" en sus labios y volvió con un bolígrafo azul en sus dedos y me lo cedió mientras se volvía a sentar. Agarré su mano con las dos mías y le di un beso en el dorso antes de robarle el boli inocentemente y hacerle un gesto pícaro arrugando la nariz. Le escribí unos acordes por verso, acoplándolo por estrofas. Era un ritmo básico de armonía de 4 acordes y una tablatura pequeña de la introducción. Lo dibujé rápido y se lo di.

- ¿Puedes tocar esto? - sabía de sobra que sí, y él me conocía. Cogió el papel del tirón e hizo el gesto de colocarlo más cerca de la luz, yo se lo quité con una mano, haciéndote de atril con la diestra, y de antorcha con la zurda. Él me agarró la mano que sujetaba la hoja y la colocó a la altura adecuada, moví la antorcha improvisada paralelamente para finalmente colocarla detrás de la hoja y que traspasase la luz. Empezó con la melodía. Salvo la introducción, todo lo demás era improvisado. En ese momento me percaté de que nunca le hablé a Plana sobre lo buena que era en la clase de música. El profesor Drago me enseñó bien y siempre me tenía a su vera. Siempre decía que tendría que aprender a tocar la guitarra, que la guitarra era mi instrumento. Que poca gente la sabía apreciar como yo. Y siempre me apoyó en las composiciones, aunque yo siempre preferí improvisar, y en eso el circo fue mi mejor aliado.

Esperé a que se diese una ronda por el armónico de cuatro acordes mientras palabras aleatorias en perfecto inglés surcaban mi mente. Segundos antes de empezar, cerré los ojos, respiré hondo y canté, por primera vez en toda la noche.

Improvisación:
 

Siempre que improvisaba me ponía de los nervios, siempre me daba la sensación de que había cosas muy forzadas, que nada había rimado. Además hacía mucho que no lo hacía... Él siguió por si yo tenía pensado seguir cantando, pero la respiración me lo impedía, el pulso estaba a mil, las lágrimas caían por mi rostro y no pude hacer otra cosa mas que hacerle parar con un beso. Abrí los ojos, apagué mi mano y dejé el papel sobre la mesa. Le quité la guitarra dejándola tumbada a un lado del sofá y me senté en el lugar que ocupaba ella, encima de él con una pierna a cada lado de las suyas. Y así se quedó todo. Adornado con la luz naranja del calor en mitad de un páramo precioso, con mi peso sobre él, las lágrimas cayendo y uno de los mejores besos que he dado en mi vida. Pasión, ternura, dolor y amor.

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MensajeTema: Re: Dos billetes a Ginebra, por favor. (Celsit) 6 de Abril de 2018.   28th Agosto 2014, 22:23

Me alcanzó un pequeño papelito pidiéndome si podía tocar lo que había escrito en él. Me había pedido un boli para poder apuntar algo, que descubrí eran unas notas. Lo miré y luego ella cogió el papel e iluminó su mano izquierda por debajo del papel mientras miraba las notas. Comencé a tocar la melodía tranquilamente, esperando a que ella se decidiese a cantar. Y entonces comenzó la magia. Cuando abrió la boca y las primeras palabras salieron de ella estuve a punto de dejar de tocar para prestarle totalmente toda mi atención, pero no podía hacerlo, pues ella se guiaba a través de los sonidos que yo producía. Recordaba la primera vez que la había oído cantar, en mi viaje a Nueva York. Fue cuando bajé del hotel, tras ponerme el traje de baño, y la descubrí cantando en el coche. Su voz era algo increíble, melodiosa y dulce, capaz de dormir y tranquilizar a la más terrible de las bestias. Las notas se deslizaban a través de sus labios hasta mis oídos con la armonía perfecta. Sin desafinaciones, sin tonos fuera de lugar, sin titubeos... Sólo su voz, derramándose en mi corazón como agua caliente.

Escuché la letra, y me quedé absorto. ¿Me estaba haciendo lo mismo que yo a ella? ¿Había compuesto una canción para cantármela? Si era así pensaba comérmela a besos ahí mismo. No podía ser... ¿Oh sí? Sus palabras hablaban de nosotros, del viaje a Suiza y de que no me dejaría nunca solo. Tenía ganas de tirar la guitarra por ahí y de besarla, de llenarla de cariño y amor en su totalidad. Unas lágrimas cayeron por su rostro. Cuando estaba a mitad de canción paró, apagando su mano y dejó el papel en la mesa. Quería preguntarle qué había pasado, pero me quitó la guitarra y se sentó sobre mí, con sus piernas a ambos lados de las mías, y me besó. No necesitaba preguntarle nada, ni que me explicase nada. Simplemente la besé. Sus labios estaban mojados por las lágrimas. Ella me necesitaba en ese momento. Necesitaba saber que estaba ahí para ella, que la animaría cuando necesitase consuelo y que la besaría cuando necesitase amor. No lo dudé ni medio segundo. La abracé con ternura, besándola, sintiendo su delicado cuerpo sobre mí. La había visto crear enormes cubos de hielo, patinar por la nieve, lanzarme carámbanos y defenderse contra unos violadores. Era valiente, fuerte y poderosa. Y sin embargo, ahí, sobre mí, parecía tan frágil como una estatua de porcelana. Escuché el tono del horno que indicaba que la comida estaba lista, pero no me importó. No iba a moverme de su lado, por mucho que se me quemase la comida.

Nuestros labios llevaban un rato juntos, conociéndose, acariciándose con dulzura, moviendo nuestras lenguas por ellos y entre ellas, sintiendo el aroma de su dulce aliento. Acariciaba su pelo con delicadeza, recorriendo las rojas puntas que tanto me gustaban. Con el brazo izquierdo la rodeaba a la altura de la cintura, resguardándola de los miedos y dudas que podían asaltarla. Mis brazos se llenaron con miles de casi imperceptibles rayos azulados que comenzaron a recorrer su cuerpo, llenándola de energía y placer. No sólo era capaz de crear poderosos relámpagos que podían partir una piedra en dos. Era capaz de hacer cosas bonitas y pasionales con mi poder. En ese momento, activaba sus impulsos nerviosos, masajeándolos así como sus músculos, dándole una sensación de calidez y relajación. Había aprendido con los años a hacerlo, y era capaz de restaurar casi cualquier contractura usando pequeños impulsos electromagnéticos que calentaban y estiraban una zona del cuerpo. Mi pulso se aceleró y nuestro beso comenzó a coger más ritmo y pasión. Nunca había sentido nada igual. La felicidad y sensación de sentirse necesitado, de saber que la otra persona me requería y me amaba, era lo más increíble que había sentido nunca. Sólo deseaba que aquello jamás terminase. No sería yo quien cortase el beso. No dejaría de darle amor nunca, aunque ello significase mi muerte. No me separaría de ella por muchas barreras que se interpusiesen entre nosotros. Aquel día, en ese momento, fui consciente de que ella me necesitaba tanto como yo a ella, y no podía dejarla ya. No después de saber qué era sentirse amado.

- Tranquila, estoy aquí... Tan sólo déjate llevar.- Le dije entre beso y caricia, entre latido y aspiración.- Te quiero Cels, y no pienso dejar de hacerlo nunca, aunque me cueste toda una vida demostrártelo.

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MensajeTema: Re: Dos billetes a Ginebra, por favor. (Celsit) 6 de Abril de 2018.   1st Septiembre 2014, 01:02

Para mí no existía nada. El horno no pitó, no hacía frío, no olía a comida caliente. No había nada de nada. Sólo quería llorar y no separarme de él. Me encantaba su manera de besar... reflejaba una inocencia y una pasión aún por descubrir que me hacía perder la cabeza. Actuaba con ganas y seguridad a pesar de estar descubriendo un nuevo mundo.

Mi cuerpo empezó a calentarse en contra de mi voluntad. Yo no lo estaba controlando y eso me pareció muy extraño. Abrí ligeramente los ojos y un destello azul blanquecino y lo entendí. No sabía si estaba descontrolando ligeramente sus poderes o si lo estaba haciendo a propósito. Volví a cerrar los ojos y a disfrutar. Me recoloqué para ponerme lo más cerca a él que podía, hundiendo mi cadera en la suya mientras disfrutaba de cada caricia. Enterré mis brazos entre su espalda y el sofá, con ganas de quedarme allí para siempre.
Noté un cosquilleo intenso por todo el cuerpo. Nada inquietante como las cosquillas puras, era algo... suave pero potente. Una corriente cálida recorrió mi columna vertebral y noté cómo los músculos se me destensaban... toda la carga que no liberaba del trabajo desapareció. Ahora sí que no existía nada. Noté cómo me derretía. Mi peso me podía y me junté con él aún más si era posible.

El beso se animó a medida que me pegaba a él. Mis uñas rasgaron ligeramente su espalda cuando empezaron a escalar por ella, levantando lentamente su camiseta. No era consciente de nada. No quería pensar. Me lancé a la piscina y quería sentirme sumergida hasta que me faltase el aliento.

Pude notar cómo mis pechos se aplastaban contra su cuerpo, mi respiración acelerada a pesar de la relajación. Un primer jadeo por el beso entre roce y roce. Yo no hablé, pero le escuché con los ojos cerrados sin poder parar de llorar. Como si eso fuese a arreglarlo, como si los párpados fuesen cerrojos a la verdad. Mis manos querían seguir subiendo y no dudaron en hacerlo. Toda consciencia desapareció. Nos separamos del beso, apoyé mi frente en la suya con la respiración acelerada y los párpados en su sitio. Me separé un segundo veloz, le terminé de quitar la camiseta y me pegué a él, notando su energía y su calor más cerca de mí. Por muchos poderes térmicos que pudiese tener, por mil utilidades que le pudiese dar, no había nada como el calor humano. Y nada como el calor humano con amor de por medio. Tiré su camiseta por el suelo, o eso creo. Abrí los ojos, le vi a los suyos, inquietos, mirando al izquierdo y al derecho rápidamente. Sonreí suspirando y acerqué mis labios a su oreja en un susurro casi imperceptible.

- Te amo... - Y acompañé la receta con besos en el cuello desnudo.

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MensajeTema: Re: Dos billetes a Ginebra, por favor. (Celsit) 6 de Abril de 2018.   1st Septiembre 2014, 12:37

La quería, como nunca había querido a nadie. Era todo lo que yo necesitaba. Era atenta, cariñosa, amable, risueña, y lo más importante de todo, me quería y me necesitaba. Cuando mis pequeños rayos recorrieron su cuerpo noté como se relajaba, apoyándose totalmente contra mí. Estábamos juntos, muy juntos. Casi éramos una sola persona. Mi corazón palpitó con fuerza, martilleando mi pecho y cuerpo. Cuando sus manos se metieron por mi espalda y noté sus arazaños empecé a notar una cálida sensación. Hablando pronto y mal, me excitó de sobre manera. Mi respiración se volvió agitada y noté como mi cuerpo se preparaba para lo que pudiese venir después. Mis músculos se tensaron, la sangre recorrió todo mi cuerpo, bombeando cada milímetro de este. Una parte de mí se avergonzó. Sabía que Cels lo iba a notar. Era imposible no notar algo así desde luego. Pero me daba igual. Ella me necesitaba, necesitaba que estuviese allí con ella, y no iba a dejar que eso me frenase. Quién sabe, lo mismo hasta le gustaba.

Cuando me quitó la camiseta el calor que tenía en el cuerpo aumentó enormemente. Estaba muy mal. Ella jadeó con dulzura en uno de nuestros besos, haciendo que todos los pelos de mi cuerpo se erizasen de pasión. Acercó sus labios a mi oreja y dijo algo que nunca había oído en toda mi vida. "Te amo". Y comenzó a besar mi cuello desnudo. Sentía su cuerpo sobre el mío, caliente, frágil, suave. Entorné los ojos y me mordí el labio. Apreté con una mano su cintura contra mí y con la otra le acaricié el pelo por la nuca. Me estaba excitando muchísimo. La quería, la amaba con locura. Aquello era precioso en su totalidad. La situación, la casa, nuestro amor... ¿Podría ser...? No... Yo no podía. No estaba preparado. Otro beso. Se me escapó un jadeo repentino, causado por el placer de la situación. La respiración era fuerte. Mi mano comenzó a deslizarse a través de su espalda, arañándola con suavidad y algo de pasión. Toqué su sujetador. Recorrí la costura del enganche con las yemas de los dedos. Apreté los ojos y los dientes y saqué mi mano de allí, y junté ambas palmas en sus mejillas, haciendo que nuestros ojos se juntasen. Sequé sus mofletes con los pulgares y luego besé sus labios con dulzura.

- Cels... Yo también te amo con locura... Pero... Pero no puedo darte más que besos ahora mismo. No me malinterpretes, me gustas muchísimo y me excitas un montón. Pero hasta hace una semana nunca había besado a una chica ni había tenido ningún tipo de relación más allá de simplemente amigos.- Mi mirada bajó de sus ojos, mirando sus labios, su cuello y su pecho. Me sentía un poco avergonzado. No sabía si ella había tenido ya alguna relación o no, y posiblemente ella estuviese preparada. Pero yo quería ser sincero, y darle todo cuando realmente pudiese hacerlo. Volví a mirarle los ojos, recorriendo sus cabellos con cuidado.- Como habrás podido imaginar, yo aún soy virgen, y no hay nadie en esta tierra con quien tenga más ganas de perderla que contigo... Pero aún no estoy preparado cielo. Lo siento, pero si quiero darte eso quiero saber que de verdad voy a ser capaz de llegar hasta el final. No podría perdonarme quedarme a medias o no ser capaz de dártelo con total soltura... Además, si hay alguien con quien quiera conocerme e ir avanzando, ese alguien eres tú. Lo único que te pido es que tengas un poco de paciencia conmigo, pues todo esto es nuevo para mí. Cualquier duda que tenga te la preguntaré, y poco a poco seré capaz de darte algo nuevo de mí.- Le quité un pequeño mechón de pelo que le caía por la cara y sonreí.- Eso sí, no pienso dejar de besarte ni un solo día.- Y, ya que no podía acostarme aún con ella, le di el beso más increíble que le había dado nunca, lleno de amor y pasión, deseando que me comprendiese y que se sintiese querida y comprendida. Como había dicho, cada día le daría algo nuevo. Un beso sin llevar yo la camiseta y con rayos de por medio era nuevo. No pude evitar sonreír para mis adentros mientras le cogía del pelo de la nuca y acariciaba su espalda. No sería yo quien cortase aquel beso, y cuando no se dio cuenta lancé un pequeño rayo contra un enchufe, haciendo que los plomos de la casa saltasen, dejando la comida a salvo.

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MensajeTema: Re: Dos billetes a Ginebra, por favor. (Celsit) 6 de Abril de 2018.   2nd Septiembre 2014, 01:16

Noté un arañazo superficial en la espalda que me hizo erizar cada centímetro de piel sin ser consciente de ello. Estaba disfrutando y la tristeza desapareció de las lágrimas dando paso a una felicidad incontrolable. El rastro de pasión desapareció y la dulzura invadió la sensación cuando vi sus ojos miel. Las yemas de sus dedos estaban cálidas.

Y volví a la vida real. Donde hay que trabajar, donde no puedes ser tú, donde la persona a la que amas no puede besarte siempre que quiera. Él se estaba excusando por ser virgen, por no estar preparado.. ¿Por qué hacía eso? POR DIOS sabe de sobra que no me importa. Ni si quiera había planeado que eso empezase ni terminase así... Le miré a los ojos de nuevo y las lágrimas volvieron. No sé muy bien por qué, pero en ese momento me sentí vulnerable y por una vez me permití el capricho de ser débil. No le di importancia a su motivo, ni a su excusa. Era algo que simplemente no quería hacer si no estaba convencido, y me daba igual si era hoy o nunca. Así que lo ignoré. Y continué el beso que él retomó. Cada vez que me besaba era como sacar lo más puro de mí. Y eso me gustaba, pero daba miedo. Después de cantar esa canción mediocre, improvisada, volví a ser la niña que nunca he recordado ser pero algún día debí ser. Y vi los monstruos que me aterraban cada noche, dentro de mí.

Me había empeñado en ser la independiente, la fuerte, la sonriente. Desde que tengo memoria. Nadie tenía en cuenta el tiempo de mi vida que le dedicaba a intentar ser feliz. Nadie sabía cuán fuerte era.  Pero cuanto más grande te haces... más pesado caes. Y no me podía recomponer, aunque mi espíritu fuerte luchase en mi interior por hacerme sonreir, por levantar la cabeza. Porque él no notase los sollozos acompañados de un hipo asfixiante.

Me separé del mejor beso que había recibido jamás. La luz de la cocina estaba apagada. Le miré a los ojos intentando no tener un gesto de niña disgustada. Mal intentado. Me di cuenta de que lo único que tenía en mi vida, más allá de compañeros. De viejos amigos que se iban alejando poco a poco. Fuera de la mansión... Era él. Todas mis relaciones eran injustas o superficiales. Nadie era como él. Y le tenía a miles de kilómetros de distancia. Mis dientes se asomaron en un tono amargo y como el que suplica por su vida... rogué. En un susurro similar a la primera palabra de una niña.

- Por favor... no me traiciones... - y me encogí en su pecho, frotando mi cabeza contra su esternón, buscando con las manos una camiseta que ya no estaba ahí. Buscando algo a lo que aferrarme. Encogí mis brazos en mi regazo y lloré.

Lo triste de aquello es que yo sabía que nada de lo que me dijera me ayudaría. No necesitaba palabras. No me serviría. No sabía qué hacer.
Pero sé que le quería a él. A pesar de haberle dado todas las herramientas para romperme por los cuatro costados. Aunque la idea de la distancia impidió que eso me hiciera sonreír.

Me dejé caer.

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MensajeTema: Re: Dos billetes a Ginebra, por favor. (Celsit) 6 de Abril de 2018.   2nd Septiembre 2014, 17:10

Cuando las lágrimas volvieron a sus ojos el mundo se me vino abajo. ¿Por qué lloraba de nuevo? ¿Había hecho algo mal? ¿Había metido la pata con lo de que no nos acostásemos? ¿Y si ella no tenía pensado en ningún momento que fuésemos a hacerlo y le dolió que yo lo pensase? Me sentí verdaderamente imbécil y torpe. No sabía que el amor era tan complicado. Un comentario fuera de lugar, un gesto a destiempo, y todo lo que habías tardado meses en construir se tambaleaba como un flan. El corazón se me enfrió y bajé la mirada. Ahora que estaba con ella quería aprender, quería equivocarme para ser mejor, quería ser capaz de recobrar su sonrisa y su alegría… Sus lágrimas llenaban su cara, y mientras se las secaba con la mano, se acercó a mi oído y me susurró algo.

- Por favor… No me traiciones...- Y se acurrucó contra mi pecho. Noté su rostro húmedo apoyarse en mí, y como los sollozos decoraban el silencio de la casa. Aquella mirada que me había ofrecido, habría jurado que estaba disgustada, o triste o algo así. No sabía qué hacer. Simplemente la abracé y acaricié su pelo y su espalda. ¿Por qué estaba así? No entendía nada y me frustraba mucho. Quería ayudarla, pero no tenía ni idea de cómo hacerlo. Le besé el pelo y la acaricié. Tal vez era lo único que necesitaba. Llorar sobre alguien. Notaba las lágrimas resbalar por los pelos de mi pecho, perdiendo en ellos y mi vientre. Acaricié su mejilla con el dorso de mi mano con delicadeza. La otra vez que la había oído llorar fue en su piso de Nueva York, cuando la sorprendí en la ducha. Allí, para animarla, decidí sacarla a luchar contra algún que otro delincuente y que se sintiese viva. También le había hecho una pequeña rosa con papel, y se la había regalado para que la guardase. Pero ahora… Quería gritar, quería entrar en el alma de Cels y buscar cual era la razón por la que se encontraba así.

- Cels, oye… ¿He hecho algo malo? ¿Hay algo que te preocupe o que te este carcomiendo por dentro?- No levanté su cabeza hacia mí, simplemente le acaricié él pelo. No sabía si me contestaría o no. Lo que más temía fuese que me dijera que todo iba bien, cuando ambos sabíamos que eso no era así. ¿Por qué me había pedido que no la traicionase? ¿Como iba a hacerlo? Ella era lo mejor que tenia, jamas le haría daño… O eso quería creer. A veces hacemos daño sin darnos cuenta, totalmente de manera inocente, sin ser conscientes de que estamos destrozando a la otra persona. Apreté los ojos y apoyé mi cabeza sobre la suya, y el olor de su cabello inundó mi nariz, meclándose con el de la crepitante madera.- Yo nunca te traicionaría… O quiero pensar en que nunca lo haría… Pero si hay algo que te preocupe necesito que me lo digas, o sino jamás seré capaz de ayudarte… Si es algo de tu pasado quiero saberlo, y si es algo de tu presente también. Sea como sea, necesito saber que confías en mí… Yo te necesito Cels. ¡Te necesito cada día más! Y lo gritaría a los cuatro vientos si eso fuese necesario… Tan sólo quiero que sepas… Que yo estoy aquí, ¿vale? Pase lo que pase, vaya a donde vaya, siempre estaré a tu lado…- Y besé su cabello con delicadeza, mientras una pequeña lágrima de impotencia resbaló por mi mejilla hasta perderse en mi barba.

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MensajeTema: Re: Dos billetes a Ginebra, por favor. (Celsit) 6 de Abril de 2018.   2nd Septiembre 2014, 23:58

Notaba sus temblores. La lágrima. Su desesperación. La impotencia era visible.

-Pase lo que pase, vaya a donde vaya, siempre estaré a tu lado… -

No, no lo estarás. Porque yo cogeré un avión sola. Y volveré a mi casa, sola. Y abriré la pastelería. Y todo volverá a ser como antes y el presente se quedará en recuerdo y mariposas en el estómago que ningún beso calmarán..
Quería decírselo. Levanté la vista notando como una lágrima caía hasta mi pecho. Enfoqué a través del empañe de los ojos y le vi. Con rabia y dolor en el rostro. Su inocencia se había roto. Pude verlo. Había dejado de creer en princesas de cuento. Dios... qué había hecho.

Me estiré respirando hondo, con la vista al cielo. Me sequé las lágrimas que quedaban y agité la cabeza. No podía. No esa vez. Miré a mi alrededor y la única luz que había era la del fuego. Parecía recién despierta de un trance.

- Oh cielo... tranquilo - y mis brazos le rodearon como lo harían los de una mejor amiga. Los de esa persona. - Es sólo que... las pocas veces que me he abierto ante nadie como para... componer una canción o algo así han acabado traicionándome y... Pff... He visto al hombre más tierno convertirse en alguien miserable. Simplemente estoy harta de confiar y pagarlo yo. Además... nunca antes había dejado todo lo que tenía atrás por amor. He cambiado mi rutina, he venido hasta el culo del mundo... sólo para poder estar unos días contigo. Sí, la feria pero... me sobra una semana en la que voy a ser tuya y... - respiré hondo. Eso no estaba llevando a ningún lado. - Arrastro maletas de malas experiencias que me han enseñado a desconfiar de todo cuanto siento. Te quiero. De verdad. No hubiera hecho nada de esto si no te amase como lo hago. Pero... necesito tiempo. Y por su puesto no has hecho nada mal. Y no me importa atrasar cuanto necesites eso. ¡Por dios cielo! Ya me conoces bastante... Estaría contigo aunque me quedase sin hacerlo nunca más.. - y se me abrieron los ojos ligeramente, acompañado de una sonrisa, por fin, sincera - pero me gustaría evitarlo, jajajaja - Y la situación se relajó, como de manera automática. Le di un beso rápido. Me levanté cogiéndole de la mano y tiré de él para levantarle.

- no me hartaría de decirte que te quiero - le sonreí y tiré de él hacia la cocina.

¡Hora de comer!

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MensajeTema: Re: Dos billetes a Ginebra, por favor. (Celsit) 6 de Abril de 2018.   3rd Septiembre 2014, 01:29

Sus palabras eran como puñales en mi corazón, llenándolo de heridas y desgarrando mi alma. Le habían roto el corazón, y de una manera muy fuerte, pero al menos había sabido lo que era ser amado. Yo, en cambio, siempre que había confesado mi amor a una chica esta me había dado la espalda, incluso odiado por ello. Cada vez que me había abierto lo único que había sacado eran espaldas, de aquellos a los que consideraba mis amigos, de aquellos a los que consideraba mis hermanos... De aquellas a las que estuve dispuesto a entregar mi corazón. Es mejor haber amado que nunca haber sentido nada, ¿verdad? Pero sabía que no podía decírselo. No era justo para ella ni para mí. Era una pataleta de niño pequeño, formada por una impotencia que sentía por que no entendiese qué pasaba. No, no sería así. Yo iba a ser distinto. Iba a demostrarle que era único en el mundo, y le haría olvidar todas, hasta la más horrible de las experiencias que había sentido nunca, aunque me llevase toda una vida. Sorbí mi nariz y me sequé el rastro de la lágrima que caía por mi mejilla.

- Estaría contigo aunque me quedase sin hacerlo nunca más... pero me gustaría evitarlo, jajajaja - Allí estaba de nuevo su sonrisa. Esa sonrisa que me volvía loco y que me dejaba sin habla, acompañada además por un comentario un poco picante. Negué con la cabeza y sonreí, mirándola a los ojos con una sonrisa.

- Todo llegará, te lo prometo... Lo único es, que tendrás que enseñarme algún que otro turquino, y darme también alguna clase.- Y le guiñé un ojo, mientras me levantaba ayudado por su mano. "Nunca se cansaría de decirme que me quería". Y antes de que me pusiese de nuevo la camiseta y volviese a la cocina tiré de ella hacia mí aún cogiéndola por la mano.- Ven aquí ahora mismo pedazo de ceporra.- Y con un rápido movimiento, la encaramé a mis brazos, sujetándola con mis manos. Le di un tierno beso y le sonreí, mirando hacia sus ojos que se encontraban varios centímetros por encima de los míos.- Eres lo mejor que tengo... Y jamás dejaré de luchar porque olvides lo que te ocurrió. No puedo prometerte que más de una vez te saque de quicio. No puedo prometerte que todos los días te haga feliz. No puedo prometerte que nunca quieras matarme... Pero si puedo prometerte una cosa: que te amaré cada día como el primero... O al menos lo intentaré.

Le di otro beso y luego la dejé en el suelo. Recogí mi camiseta después de buscarla un poco y me la puse, mostrándole de nuevo una sonrisa a Cels. Puede que lo que había pasado, lo que le pasaba a Cels por la mente fuese doloroso. Para mí también lo era. Ante mí, aparecía un corazón y un alma rotas, y yo debía repararlas. No sabía muy bien cómo, no sabía qué debía o no debía hacer. Sentí miedo y vértigo. Pero también me sentía vivo. Vivo y esperanzado. Esperanzado de que sería capaz de reparar todo el daño que ella tenía en su corazón. De ser capaz de hacerla más feliz de lo que nadie la había hecho ser jamás. De ser capaz... De curar un alma. El tiempo me enseñaría a hacerlo, y aunque en ese momento me faltaba la respiración, sabía, o necesitaba creer, que era capaz de hacerlo.

Me dirigí a la cocina, y abrí la puerta donde estaban los plomos y los volví a encender. Las luces de la cocina, el horno, las del salón... Todo volvió a iluminarse, con un par de parpadeos aquí y allá. Abrí la olla donde había estado haciendo el arroz. Estaba un poco más espeso que lo que pretendía. Pero no parecía haberse quemado ni pegado. Lo escurrí y preparé la tortilla, la cebolla, las gambas y el jamón para hacerlo tres delicias. Abrí el horno y pinché el lomo. Estaba templado, así que lo dejé unos minutos más para que retomase el calor. Mientras estábamos ahí cocinando le di un par de besos tontos, y saqué unas aceitunas de picoteo. Le ofrecí un refresco por si quería y yo me serví una cerveza. Encendí la música del móvil y cogí su mano para bailar un poco con ella. Al cabo de unos minutos la comida estaba lista y saqué un mantel y los platos para poner la mesa. Comeríamos en una pequeña mesita redonda de madera que había junto a la puerta. Había unas grandes ventanas que mostraban los nevados Alpes fuera. Colocamos la mesa y saqué una pequeña botella de vino tinto que había traído para la comida. Serví vino y coloqué los platos.

- Esta vez los platos son algo menos elaborados. De primero, el mundialmente conocido arroz tres delicias. Hará que la boca se vuelva agua con sólo rozar los primeros granos. Y de segundo tenemos un lomo de cerdo a la mostaza. Bocado di cardenalle, como dicen los italianos jajaja. Y como me gusta decir, aunque sea dichoso francés, bon appetit!

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MensajeTema: Re: Dos billetes a Ginebra, por favor. (Celsit) 6 de Abril de 2018.   5th Septiembre 2014, 11:02

Sabía que se animaría si me veía a mí sonreír, y en cuanto volvió la espontaneidad a él con ese tirón y ese beso, supe que al fin estaba todo bien. Lo acompañó de un discurso en el que se distinguía su firma claramente.

- No quiero olvidarlo, sólo aprender de ello - pero él sabía que yo le había entendido. Y entonces me prometió amor eterno. Un escalofrío recorrió mi cuerpo. Eso nunca solía salir bien... Nada bien.  Siempre llegaba el punto en el que en las discusiones en el que eso se ponía en duda. Y... yo no era creyente del amor como el primer día hasta el final. Las cosas siempre se templaban, aunque siguiesen siendo amor. Pero procuré sonreír y que no se notase, ahora que por fin reíamos no podía pifiarla de nuevo. Le sonreí, me besó y volví a pisar el suelo.

Me rugió el estómago justo cuando nos sentábamos a la mesa. La luz volvió, la comida olía deliciosa, como siempre, los dos estábamos genial. Me froté las manos esperando a que llegase ese momento en el que dos personas que comparten mesa saben que se puede empezar a comer aunque no se diga nada. Brindamos ambos con nuestras copas de tinto y por fin le hincamos el diente a la comida.  La primera bocanada de arroz humeante ya me supo a gloria. Cerré los ojos saboreándolo al ritmo de un "mmmmmmnhh" del placer culinario. Estaba increíble, como todo lo que hacía. ¿Dónde habría aprendido a cocinar así? . Abrí los ojos y le guiñé uno mientras seguíamos comiendo, todo supo increíblemente delicioso. El lomo estaba perfecto y con el sabor intenso a mostaza sin quitarle el de sabor a la carne. Él hizo comida de sobra, así que no hice postre y dediqué la sobremesa a mirar por la ventana. Mientras comíamos se habló poco, y fue un silencio merecido para el chef.

- Es increíble... - susurré con la mirada perdida en la ventana. Y luego me volví a sumergir en sus ojos, sonriendo. Me levanté una vez ya habíamos recogido toda la mesa y le cogí de la mano, tirando de él. - Aún tengo un poco de jet lag... ¿Podemos echarnos una siestecita? - dije llevándole de nuevo al salón, a las escaleras de subida y fue cuando me di cuenta de que no tenía ni idea de dónde estaban las habitaciones. - Esto... ¿las habitaciones? Si puede ser prefiero dormir en cama que en sofá. No le hago ascos, pero pudiendo elegir...  - y esperé que me guiase sin soltarme la mano hasta una cama donde poder descansar un rato. Estaba un poco machacada.

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MensajeTema: Re: Dos billetes a Ginebra, por favor. (Celsit) 6 de Abril de 2018.   5th Septiembre 2014, 12:41

La comida fue tranquila, silenciosa, disfrutando el uno del otro con miradas y guiños. Aquella situación que habíamos vivido hacía un rato, a pesar de que todavía me dolía como una pequeña astilla clavada, me gustaba haberla tenido. Yo nunca me había parado a pensar en la profundidad y dificultad del amor en sí antes. Sabía que requería esfuerzo y sacrificio, pero no era consciente de hasta qué punto podía cambiar de un día para otro. No pensaba que hubiese cambiado nuestra relación por eso, no al menos de una manera radical. Simplemente ahora era algo más consciente de que el amor entre dos personas es eso, dos personas que se aman y respetan mutuamente, y que por mucho que te esfuerces, al final tú sólo eres dueño por así decirlo de una parte: la tuya. Lo que la otra persona sienta o deje de sentir puede variar en función de lo que tú haces, pero hay cosas que no puedes controlar, sino que tienes que dejarte llevar, procurando controlar el rumbo de tu viaje con alguna palada de timón específica, pero respetando a la otra persona. Sonreí para mí. Podía hacerlo.

Cuando Cels propuso la siesta, inconscientemente bostecé. No era consciente del sueño que tenía hasta que ella lo mencionó. Llevábamos toda la mañana haciendo cosas, y no habíamos descansado aún.

- Sí por dios, una buena siesta me vendría de lujo. Lo del jet lag es un asco, imagínate cómo estoy yo, que hace unos días que me recuperé del jet lag europeo allí en Nueva York y ahora tengo el americano... Señor, estoy que me caigo jajaja. Están en el piso de arriba. Sígueme.- Y subí las escaleras. Cada paso hacía sonar los escalones con un pequeño chirrido tan típico de las películas de miedo. Por si acaso nos quedábamos a dormir allí en la casa les pedí al matrimonio que nos dejasen sábanas limpias. Lo que no sabía es que habían hecho las camas y todo. En cuanto volviesen les iba a regalar un par de botellas de vino y una enorme caja de bombones suizos. La verdad eran muy buena gente, y me llevaba genial con ellos. Abrí el cuarto y ante nosotros apareció una bonita habitación enmoquetada y con una gran cama de matrimonio. Las contraventanas estaban cerradas, y me acerqué a abrirlas. Había empezado a nevar y los pequeños copos caían lentamente moviendo con el viento. Gracias a la chimenea el piso de arriba estaba calentito. La luz entró en la habitación, mostrando una silla redonda a la altura de las ventanas, un pequeño baño y una cómoda de color marrón oscuro con fotos y un espejo sobre ella. Me acerqué y cogí una de las fotos. Eran ellos vestidos de hawaiano en un viaje que hicieron hace veinte años. No habían tenido hijos y lo único que tenían de familia por así decirlo era yo, que solía visitarles un par de veces al mes o así, generalmente comiendo con ellos y contándoles mis historias. Sabían que tenía poderes y siempre se mostraban abiertos y curiosos ante ello. Cuando les conté que venía con una chica se emocionaron y se alegraron mucho por mí. Ya les había contado mis historias con ellas y no era lo que se diga especialmente afortunado, así que, aunque había sido hacía apenas una semana, ellos se alegraron enormemente.

Me acerqué a cels y le besé la frente con una sonrisa.

- Bueno, todo tuyo. Yo me iré al cuarto de invitados tranquilamente así te dejo intimidad. Si quieres que te despierte a alguna hora no tienes más que decírmelo y me pondré el despertador.- En realidad, me apetecía mucho dormir junto a ella, abrazados como dos adolescentes, pero también quería darle algo de intimidad. No había traído pijama, así que dormiría en calzoncillos. No variaba mucho. Después de todo, eran los típicos boxees largos de rayas azul clarito. Bien podían haber pasado por pantalones de pijama.

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MensajeTema: Re: Dos billetes a Ginebra, por favor. (Celsit) 6 de Abril de 2018.   5th Septiembre 2014, 23:40

Todo siguió tal y como yo quería que surgiese. Las habitaciones y la casa al completo tenían una decoración preciosa. Típico de Suiza. Los crujidos de la propia casa, el olor a humedad y a madera vieja daban un ambiente precioso. Me enseñó la cama de matrimonio, estaba nevando y la brisa entraba suave acariciándome la piel. No pude evitar sonreír.  Hizo el amago de soltarme para irse a otra cama, pero no le dejé. Noté otro tirón, pero su mano se quedó junto a la mía. Le miré a los ojos con media sonrisa y tiré de él hacia mi muy lentamente. Le besé a cámara lenta, haciéndole sentir el roce de mis manos en su espalda desnuda de nuevo. Su camiseta volvía a levantarse. Sólo separé mis labios de él para quitársela del todo.

- Sólo para dormir, tranquilo... - susurré con el viento de nevada. Le llevé de la cintura, como el que dirige en un baile, como aquella noche sobrevolando aquel tango. Con la mano libre deshice un lado, tirando de la manta. Una vez a la altura de la cama,y haciendo fuerza sobre sus hombros, le senté sobre la cama. No necesitaba decir nada. Rodeando su mandíbula con mis manos, inclinándome sobre él, volví a besarle mientras vencía mi peso para hacer que se tumbase, quedando yo por encima, usando mis manos de apoyo sobre el colchón a medida que bajábamos. - Métete en la cama, no pienso pasar un segundo más de mi vida lejos de ti - y esperé a que se metiese en la cama. Me di la vuelta, dándole la espalda y cruzando los brazos ante mí me quité la blusa, dejándola por el suelo. Los pantalones me molestaban y se arrugaban menos, aun así me desabroché la bragueta y los aflojé. Me di media vuelta, me metí en la cama mirando esos enormes ojos acaramelados y me tapé a la altura del pecho.

- Ya que me haces soñar, déjame soñar contigo - cerré los ojos, sonreí, le di un beso en la espalda y rodeé su cuerpo con el mío.

No sabía cómo le estaba sentando eso, pero si se dejó, supuse que bien. Si no , siempre estaba a tiempo de echarse atrás. Los pantalones empezaron a tirarme y me revolvía. Intenté contenerme un par de veces, pero con las sábanas y la postura me desesperé. Liberé mis manos para quitarme los pantalones y dejarlos tirados junto a la camisa. Lo siento cielo, no podía más.
Pero no dije nada. Y volví a rodearle con mi cuerpo. Protegiéndole de los monstruos que antaño habrían aterrado sus pesadillas.

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MensajeTema: Re: Dos billetes a Ginebra, por favor. (Celsit) 6 de Abril de 2018.   8th Septiembre 2014, 10:57

No llegué a abandonar la habitación. Antes de cruzar la puerta, me cogió de la mano y tiró de mí hacia ella. Nos volvimos a besar, y fue dirigiéndome hacia la cama mientras me quitaba de nuevo la camiseta y nos sonreíamos. Me dijo que sólo era para dormir y me sonrió antes de volver a unir nuestros labios. Nos tumbamos sobre la cama, y sentí su peso sobre mí. El corazón se me aceleró, pero esta vez también de emoción y un poco de nerviosismo, para qué negarlo. Nunca había dormido con nadie en la misma cama. En el primer viaje a Nueva York dormí con Tom, pero estábamos en camas separadas. No tenía nada en contra de los homosexuales, de hecho me hacía gracia lo de tener un amigo gay. No pensaba que fuese a hacerme nada a pesar de sus constantes coñitas sobre mi culo y cuerpo, pero tampoco me agradaba especialmente la idea de dormir junto a otro hombre en la misma cama a menos que fuese necesario. Me quité las zapatillas y los calcetines y me metí en la cama. Ella se dio la vuelta y se desabrochó la blusa, dejando al aire su sujetador y esa larga melena que le caía por la espalda. Era toda una belleza. Entonces vi algo en lo cual no me había fijado la noche de la playa debido a la oscuridad. Se me entreabrió un poco la boca y sonreí. ¡Tenía tatuajes! Dos para ser exactos. Los vi muy rápido, pero fui capaz de diferenciar lo que parecía una balanza. Se acurrucó conmigo en la cama y me abrazó por la espalda.

En ese momento era feliz. Veía nuestra relación y sabía que iba a tener que luchar, que no iba a ser fácil. Muchos días no entendería por qué ella reaccionaría de una manera u otra, y otros solo querría estar a solas. Pero yo estaría siempre ahí, aunque no fuese físicamente. Mientras pensaba en estas cosillas noté como se quitaba el pantalón y me volvía a abrazar. Entonces fui consciente de lo incómodos que eran los vaqueros en la cama. Sólo había habido un par de veces que había dormido con los vaqueros puestos, las dos en el Oktoberfest allí en Múnich mientras hacía la carrera. Gracias a mi factor de curación el alcohol que consumía era drenado por mi cuerpo antes de que consiguiese hacerme efecto, al menos el primer litro de alcohol. A partir de ahí ya empezaba a notar el típico cosquilleo por el cuerpo. Aquellas veces había bebido casi diez litros de cerveza, dos de los cuales fueron de golpe en una apuesta que hicimos con una de las jarras gigantes esas. Aquel día no cogí la moto para volver a la mansión, sino que llamé a Tanith totalmente borracho y me recogió. Cuando me desperté tenía los vaqueros puestos aunque al menos no llevaba la camiseta. Me giré un momento hacia Cels, quedándome boca arriba y le sonreí mientras me quitaba los pantalones.

- Ale, ahora estamos igualados.- Y me giré hacia ella mientras le acariciaba el pelo por la nuca. Quería ver su cara con la pregunta que iba a hacerle, pero no pude evitar que se me escapase una sonrisilla tonta.- Oye Cels... ¿Desde hace cuánto tienes tatuajes? ¿Y qué significan?

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Dos billetes a Ginebra, por favor. (Celsit) 6 de Abril de 2018.
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