Los Universos de DC y Marvel se han unido en uno solo. ¿Qué ha sucedido? ¿Quién está detrás de todo? Y, lo que es más importante, ¿cómo reaccionarán héroes y villanos de los distintos mundos al encontrarse cara a cara...?
 
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 Lluvia y sangre (Planaria) 16 de Mayo de 2018

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Planaria Glámez
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MensajeTema: Lluvia y sangre (Planaria) 16 de Mayo de 2018   6th Agosto 2014, 01:27

Tic, tic, tic, tic, tic, tic, tic... Las gotas golpeaban con fuerza mi rostro y cabello. Era noche cerrada en Ginebra. Una tempestad como no se había visto en años mojaba las calles y los edificios inmisericordemente, y enormes relámpagos acompañados por un tronar que hacía temblar los cimientos de la tierra iluminaban la noche. Sujetaba un broche en mi mano: el símbolo de los Abyss Knights. Era circular, con una espada colocada verticalmente y una A y una K situadas a ambos lados de ella. Un relámpago la iluminó. La apreté con fuerza, así como mis dientes. El odio era enorme, totalmente indescriptible, y un par de lágrimas provocadas por una impotencia desmesurada se perdieron entre las gotas que resbalaban por mi rostro. Tiré el broche, y salté del edificio.

Mi vida se derrumbaba a mi alrededor como un castillo de arena al subir la marea. Todo en lo que había creído hasta ahora era mentira, o al menos gran parte de ello. El destino se mofaba de mí con una cruel y desesperante carcajada, destrozando mi alma y corazón. Los Abyss Knights, quienes en mi hora más baja me dieron un hogar y esperanzas de crear un mundo mejor, me lo arrebataron y destrozaron mi integridad mental de un plumazo. Todo había sido una gran mentira. Todo no era más que un enorme engaño intentando vanamente protegerme de una verdad que yo nunca quise saber, o varias verdades. Se me privaron de ellas desde que nací, y por fin había descubierto lo que se escondía detrás de todas las cosas que habían sucedido: que siempre fui un mutante.

No todos los mutantes muestran sus poderes en el momento de nacer. Muchos de ellos experimentan los primeros cambios en la infancia, y los más tardíos en la adolescencia. Yo mostré mi factor de curación, aunque algo débil todavía, en mi infancia. De pequeño apenas tuve enfermedades. La varicela me duró dos días y los catarros apenas una mala tarde. Todo estaba evolucionando lentamente. Me curaba a un ritmo mayor, pero no era tan extremo como ahora. Fue entonces cuando, a los siete años, visité la central eléctrica de mis padres con ellos. Cuando caí contra el núcleo de esta, mis poderes eléctricos aún estaban dormidos, y mi factor de curación aún estaba en desarrollo. La explosión causada por mí mató a mis padres y a todos los que había en aquella central. Pero no fue un accidente sin más. Fue un atentado. Zenn sabía que yo tenía poderes. Desde su nacimiento, seguí a todos los nuevos mutantes para reclutarlos o matarlos. Cuando observó mis análisis de sangre supo lo de mi poder eléctrico, y quería despertarlo cuanto antes. Sacrificó a mis padres con el accidente, convirtiéndome en una bomba aquel día. Tanith me había mentido desde el primer momento en que le pregunté. Ella lo sabía. Siempre había sabido que fue culpa de Zenn. Y sin embargo, me hizo creer que había sido mi culpa todos esos años. Sabía el dolor que me causaba, y el odio que tenía hacia mis poderes muchas veces por ello. Y ahora, en apenas doce horas, había descubierto no sólo que era un mutante de nacimiento, sino que durante años había sufrido enormemente por el capricho de la que consideraba una segunda madre. Ella lo sabía. Todos lo sabían. Todos, menos yo.

Caí con fuerza en el callejón, levantando el agua de los charcos y provocando unas pequeñas ondas en los más lejanos. Arrastré los pies por la calle, apoyándome en una pared para no caer contra el suelo. La rabia y la ira me corroían el alma y el interior, y di un fuerte golpe con el puño cerrado a la pared. Noté el dolor y el crujir de mis nudillos. Varias lágrimas se me saltaron, no sé si por la ira o por el dolor, pero allí estaban. Unos pequeños relámpagos me recorrieron el brazo hasta la punta de los dedos, y sentí cómo se me regeneraban los huesos rotos con otro crujido. Quería romper algo, quería destrozar cualquier cosa que tuviese delante. Mentiras, mentiras y más mentiras. Engaños y triquiñuelas, eso era lo único que habían hecho los Abyss desde el momento en que entré.

- ¡Malditos seáis Abyss! ¡Todos! ¡Malditos seáis con vuestras misiones y falsos sentimientos heróicos! ¡Pudríos en el infierno!- Zenn torturó a Tanith frente a mis ojos. Fueron dos horas donde la sometió a unos terribles dolores físicos, y yo no podía hacer nada. Encadenado de pies y manos, tuve que mirar como a mi amiga en ese momento la hacían gritar y suplicar. Luego, le obligó a contarme todas las mentiras y engaños que me había contado durante aquellos años, mientras reía como un loco y se burlaba de mí. Cuando, llevado por la ira, conseguí liberarme, arremetí contra él con todo. Mis relámpagos golpearon su cuerpo, y una barra de acero que cogí destrozó su cuerpo, hasta matarlo. Sabía cómo funcionaban sus poderes. Con tal de que tuviesen una célula suya volvería a la vida, pero la ira me llevó al extremo. Cuando miré a Tanith y le exigí la verdad, me lo contó todo. Ya no podía confiar en ellos, no después de saber que todo en lo que había creído hasta ahora no era más que una mentira. Los Abyss nunca luchamos para hacer del mundo un lugar mejor, sino para vengar el dolor que Zenn causó en Tanith, aunque aquello nos llevase a la muerte.

- No hagas ni un solo ruído, no quiero problemas... Dame todo lo que tengas sin ningún movimiento raro y no te pasará nada.- Un tipo me apuntaba con una pistola a apenas unos metros de mí. Sabía que creía que la oscuridad y los truenos le protegían, o eso creía él. En cualquier otra situación habría intentado hablar con él, haberle explicado que eso no era el buen camino, y en su defecto le habría dejado fuera de combate con una descarga. Pero no aquella noche. No después de todo lo que acababa de pasar, y de todo lo que había descubierto. Le miré y sonreí. No era una sonrisa amable ni risueña como solían ser. Era una sonrisa burlona, sarcástica. Aquel estúpido se había ido a topar con la persona equivocada.

- Es curioso...- Unos pequeños rayos de un tono morado me recorrieron ambos brazos mientras le mostraba los dientes.- Justo hoy me has pillado que estoy deseando que me pasen cosas.

El tipo apenas pudo reaccionar. Un rayo morado salió disparado de mi mano y lanzó su pistola por los aires. Desenfundé "El Catalizador" y con un movimiento diagonal, le mandé al suelo. Desde allí me vio, con las manos llenas de rayos y una inquietante sonrisa de superioridad. Intentó arrastrarse, pero de un golpe le partí una rodilla. Gritó con fuerza, llevándose una mano a esta, y comenzó a pedir ayuda mientras un poderoso trueno resonaba de fondo. Apoyé un pie sobre su fractura y gritó con fuerza. Malditos cobardes. Sólo se atrevían a atacar tras un arma de fuego, creyéndose superiores o más fuertes que los demás.

- Nadie va a venir a salvarte querido... Estás solo.- Le levanté y le estampé contra la pared, lanzando sus brazos hacia mí en un vano intento de librarse. Pero no lo iba a hacer, no aquella noche. Nadie iba a echar de menos a un delincuente. Sacó una navaja y con un rápido movimiento, me cortó la cara diagonalmente. Instintivamente, le dejé caer, mientras me llevaba las manos a mi rostro. Él se arrastraba, pero pudo ver como la herida se cerró en cuestión de segundos. Le agarré por la cabeza desde atrás y le susurré al oído.- En cualquier otra situación, te habría permitido redimirte, reflexionar acerca de tu vida y cómo vivías contigo mismo... Es una lástima que me hayas conocido ahora.

Vi el miedo en sus ojos, el miedo de aquel que no sabe a qué se enfrenta o qué es lo que ocurre ante él, pero que sabe que va a morir. Sus pupilas se encogieron antes de dilatarse por completo, cuando su cuello fue partido y el crujido quedó ahogado en la tormenta. Cayó al suelo boca abajo, sin vida. Me alejé de él, lleno de ira y sufrimiento. No sentí lástima ni pena, sólo asco. Miré al cielo. Levanté "El Catalizador" y atraje un enorme relámpago que iluminó el callejón por completo. Sonreí y sentí mi cuerpo llenarse de energía y poder. La edad del rayo acababa de empezar.

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"¡Hora de ponerse las pilas, familia!"

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