Los Universos de DC y Marvel se han unido en uno solo. ¿Qué ha sucedido? ¿Quién está detrás de todo? Y, lo que es más importante, ¿cómo reaccionarán héroes y villanos de los distintos mundos al encontrarse cara a cara...?
 
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 Caballeros, princesas y tazas de té (Lobo Feroz, Xun Augustine)

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Hellboy
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MensajeTema: Caballeros, princesas y tazas de té (Lobo Feroz, Xun Augustine)   26th Agosto 2014, 10:31

Liz y Hellboy paseaban por las calles de Nueva York. La piromántica había sido ingresada de nuevo en el psiquiátrico debido aun nuevo brote incontrolable de su poder, y a pesar de los ruegos del demonio, el director Tom Manning había decidido trasladarla de nuevo al hospital mental. Aquello provocó una enorme ira en Rojo, quien terminó por echar la puerta de su cuarto abajo. Nada le cabreaba tanto como que su amiga fuese considerada una loca peligrosa para los que la rodeaban. Él podía cuidarla perfectamente, o eso pensaba. La realidad era que, debido a su naturaleza ignífuga, no corría peligro junto a su compañera. Sin embargo, para el resto de miembros del B.P.R.D una explosión de Liz podía significar la muerte. Una vez al mes se le permitía salir a dar una vuelta gracias a su evolución positiva, y Hellboy siempre estaba ahí para sacarla a dar un paseo o una vuelta. Aquel día, ella estaba de mejor humor que normalmente, algo que el demonio agradeció. Generalmente Liz era una chica reservada, tímida y algo seca, pero tenía un buen corazón. No podían pasear por cualquier calle ya que, a pesar de que Hellboy era hasta cierto punto conocido en la Gran Manzana, prefería pasar desapercibido entre los humanos. Después de todo, no todos estaban acostumbrados a ver un demonio de más de dos metros de color rojo, cola, dos cuernos en la frente y un enorme brazo de piedra. El demonio la esperó oculto tras un enorme sombrero y unos guantes de cuero. El de su mano de piedra habían tenido que tejerlo a mano para que pudiese ocultarla. Cuando su amiga apareció por la puerta, con un bonito vestido blanco y una chaqueta vaquera, una pequeña sonrisa se dibujó en el rostro de Rojo.

- Sigues siendo tan bonita como el primer día en que te conocí...- Liz llevaba unos años ya en la organización. No tantos como Hellboy y Abe, pero sí los suficientes como para considerarse algo más que simple familia. Hellboy siempre había sentido cierta atracción hacia ella, y la trataba de una manera especial. Ella, sin embargo, a pesar del enorme respeto y amor que sentía hacia Rojo, no parecía compartir ese sentimiento de ser "algo más", o al menos no tan descaradamente como lo hacía el demonio. Pero, después de todo, quién sabe. El corazón de una mujer es un mar lleno de secretos. Liz le mostró una pequeña sonrisa y cerró un ojo debido al sol.

- ¡Hola Rojo! Menudas pintas tienes hijo mío...- La verdad, cualquier persona que le viese pensaría lo mismo. Ese enorme sombrero, y un gigantesco guante de color negro, además de su gabardina, podían engañar a los menos espabilados.- ¿Cómo estás? ¿Hay mucho lío por la organización?

- Bueno, no sé si te habrás enterado de lo de la colisión esa de mundos. Según parece ha habido un choque de universos paralelos y todo el planeta se ha llenado de gente nueva. Algunos tipos con trajes de mallas ajustadas se hacen llamar héroes. Unos maricas es lo que son. ¿Quién en su sano juicio llevaría mallas? ¡Ni siquiera Abe las lleva! Está todo lleno también de chalados que dicen ser los amos del cotarro y hacen explotar edificios y bancos... La gente está loca Liz, te lo digo yo. Aunque lo peor es la cantidad de trabajo que tenemos. Se han abierto cientos de fisuras interdimensionales por todos lados, y se está llenando todo de bichos y monstruos. Aunque hay una cosa mucho peor que todas esas. Creo que, provocado por el choque este de mundos, los cuatro jinetes han aparecido reclamando el fin del mundo.- Andaban por la calle lentamente, con Liz cogida del brazo del demonio. Quería contarle todo lo que había pasado, el cómo la echaban de menos allí en la organización, al menos ella y Abe. Le habría encantado que estuviese para ayudarles. La aventura de Escocia no había sido más que el pistoletazo de salida. Los otros tres estaban a punto de aparecer, y desgraciadamente todavía no tenían ni idea de dónde podían hacerlo. La reunión que tuvo con Rebecca y Sloan en el B.P.R.D había sido muy productiva, pues habían aportado ideas e información bastante interesante, como lugares donde podían aparecer los otros jinetes. Tenía que avisar y reclutar a todo aquel dispuesto a luchar contra los seres sobrenaturales, y tenía una lista de personas a las que iba a visitar. Todos ellos habían aparecido después de la colisión de mundos, de manera que dedujo que se trataba de personas del otro universo. Desde luego nunca había oído hablar de ellas antes. Rojo se volvió a Liz con el rostro serio y apenado.- Liz te necesitamos. Yo te necesito. ¿Por qué no escapas del dichoso psiquiátrico este y vuelves a casa?

La chica suspiró y negó con la cabeza.

- Rojo, no. Ya sabes que no puedo hacer eso. Si me escapo será mucho peor. Vendrán a buscarme y me llevarán a la fuerza, y podría volver a tener otro de mis ataques, y entonces quién sabe cuándo podría volver a salir. Puede que nunca. No puedo hacerlo. No me pidas algo que no puedo hacer.- El rostro de Liz mostraba verdadera pena y dolor. Ella más que nadie deseaba volver al B.P.R.D junto a ellos, que eran como su familia. Pero tenía miedo de sus poderes. Durante años había intentado controlarlos y manejarlos lo mejor posible. Hasta hacía unos meses creía que lo había conseguido, pero tras el incidente del pasado mes de noviembre, cuando Azul y Rojo estaban en África, quería asegurarse de que podía volver a controlarlos. Le echó a Rojo una mirada de "aquí se acaba la discusión" y este profirió un pesado suspiro. Sabía que ella tenía razón, pero le dolía que estuviesen separados.

- Está bien... Tienes razón. Pero en cuanto puedas salir estaré en la misma puerta esperándote para ser el primero en recibirte, que lo sepas.- No era una petición, era una afirmación. Cuando algo se le metía al demonio entre ceja y ceja era imposible hacerle cambiar de opinión. Liz sonrió y abrazó el brazo de Rojo, mientras continuaban caminando calle abajo. Se dirigían a una tetería que le encantaba a Liz, pero que Hellboy odiaba con todas sus fuerzas. Té. ¿A quién demonios le gusta el té? Además, con sus enormes manos coger las pequeñas tacitas era horrible. Siempre rompía más de una, y a pesar de su enorme paciencia, solía perder los estribos al cabo de minutos. Pero Liz se lo había pedido como un favor especial, y él no pudo decirle que no. Sólo esperaba que nadie se pasase de listo con ellos. Estaba muy contento de tener a Liz cerca, y no quería que nadie le viniese a joder la marrana.

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MensajeTema: Re: Caballeros, princesas y tazas de té (Lobo Feroz, Xun Augustine)   26th Agosto 2014, 17:35

- Lobo, por favor te lo pido: compórtate.
- Pero si soy todo un encanto. ¿No ves como me brillan estrellitas cursis alrededor de la cara?
- Lo que veo es que no has apagado el cigarrillo. - Blanca avienta con una mano el humo que nos separa. - Por favor Lobo: hace tiempo que no tengo un rato libre. Hazme el favor.

Lo que hace uno por amor. Tiro el cigarrillo sin ganas en el suelo y lo apago, como si con ello se fuesen todas mis esperanzas de no pegarme un tiro con una bala de plata. Giro la cabeza y me encuentro de frente con la sonrisa de Blanca. Dioses, por qué la hicieron tan perfecta... La rodearía con un brazo si no estuviera cargando con una ingente cantidad de paquetes de diversos colores, con diversas marcas y complementos. Lo que viene siendo un día libre para la Blanca, para mí se ha convertido en una auténtica pesadilla. ¿Dónde se había metido el Sheriff de Villa Fábula que aterrorizaba a niños y adultos por igual? Oh si, detrás de las jodidas cajas. Y todo por culpa de Rosa Roja...

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- ¿Entiendes lo que te digo, Lobo?
- ¿Puedes dejar de sermonearme? Soy más consciente que tú de las necesidades de Blanca.
- No me vengas con esas: sólo una mujer sabe lo que necesita una mujer, y para colmo, es mi hermana, así que cierra el buzón y empieza a desfilar.
- Rosa, por favor: sé librar mis propias batallas. No hace falta que te pongas a cortar cabezas.
- ¿Segura? La de éste hombretón que tienes como marido es demasiado dura para tu fina espada.
- Te recuerdo que soy mayor que tu.
- Y aun así soy más mujer que tu.
- Vale. Se acabó. Chicas, dejadlo ya; Blanca, vamos a salir, pero tu hermana que se quede cuidando de los pequeños. ¿Te parece bien?
- Por mí si, pero no sé si mi hermanita será capaz de cuidar a nuestros monstruitos.
- ¿Bromeas? ¡Me adoran! Así que iros ya, antes de que cambie de idea y me quede con la piel de Lobo para hacerme una caperucita.
- Muy graciosa...

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Y así es como una pequeña cabeza de zanahoria consiguió que saliéramos de compras... En serio, de compras. Nunca voy a entender ésta obsesión de las mujeres por comprar vestidos, zapatos y complementos que tal vez lo usen una sola vez. Si fuesen, no sé, otras cosas...

- Vamos a entrar aquí.
- ¿Aquí? ¿Segura?
- ¿Qué? ¿Te disgusta?
- Voy a salir mareado. Ya sabes como me pongo con los tes.
- Pues te aguantas Lobo. Siempre he querido ir a ésta tetería pero hasta ahora no podía.
- ¿Por qué no?
- Pues porque siempre estabas trabajando, bobo. - Su sonrisa vuelve a dejarme K.O. Sonrío, porque no le puedo llevar la contraria. Nos metemos dentro, pidiendo cada uno un té diferente. Pero antes de entrar, me llama la atención una mole con gabardina que se acerca hacia la misma tetería. A simple vista, un tipo grandote. Pero... algo no me "huele" nada bien...

Nos sentamos, esperamos nuestros tes y yo descanso de llevar tanta carga encima.

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MensajeTema: Re: Caballeros, princesas y tazas de té (Lobo Feroz, Xun Augustine)   29th Noviembre 2014, 12:40

Prefiero ni saber cuanto tiempo ha pasado :'D no merezco perdón de dios!!
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Dicen que después de tanto tiempo, una persona que ha estado encerrada en un sitio en particular ya sea por culpa de otros o por culpa de si mismo, por la razón que sea, cuando sale, se da cuenta de que no está realmente deprimida, que sus altibajos en aquel sitio no eran mas que producto de la imaginación pues el cerebro necesitaba algo con lo que entretenerse, cambiar, adaptarse, para poder mantenerse sano tal y como lo había hecho desde que empezó a funcionar y tal y como lo había hecho generación tras generación. También dicen que la piel se vuelve mas pálida, más débil, que al sol las venas aparecen tras esa fina capa de piel que poco a poco ha ido debilitándose por la falta de elementos adversos, imprescindibles para hacer que aquella capa protectora de los organismos se volviera eficiente y madurase, en cambio esa piel que no lo había sufrido ahora dejaba ver las innumerables venillas azules que ahora decoraban mi rostro. Otra cosa graciosa que pasa cuando alguien está encerrado en un sitio durante demasiado tiempo es… Que ya no sabe que hacer o como comportarse con las demás personas, como interaccionar o como pasar aunque sea desapercibida.

Todas esas miradas lanzadas hacia mi, en un principio no sabía muy bien porque era, pensé que tal vez se tratase de que llevaba alguna ropa mal o que me había despistado con algo de mi indumentaria pero no era para nada eso, es más me paré para revisarlo y no… Era imposible, luego comprendí que no se trataba de otra cosa mas que una mezcla de mi aspecto de hikikomori (como les gustaba llamarnos a los japoneses) y mi propio comportamiento, estaba muy tensa y miraba hacia todas partes como si estuviera ocultando algo, o como si acabase de robar algo o a alguien. Pero por supuesto no era nada de eso y esas miradas no hacían mas que perturbarme aun más. Por lo que pasé a buscar algún sitio, cálido y confortable que no hubiera mucha gente, al menos para relajarme unos momentos y poder pensar con claridad.

Lo vi muy claramente. Una tetería, apenas había gente y el efecto calmante de las infusiones haría que me relajase todo lo que pudiera. Caminé bastante rápido hasta llegar adentro abrir la puerta y quedarme en la entrada con la respiración agitada y mirando aun hacia todas partes. Pero fue lo mismo un montón de miradas encima mía, empecé a notarme algo mareada y con la sangre subiéndome a las mejillas rápidamente.

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MensajeTema: Re: Caballeros, princesas y tazas de té (Lobo Feroz, Xun Augustine)   10th Marzo 2015, 10:01

La pareja alcanzó la tetería y entraron. El ambiente era muy familiar, con bonitos y brillantes colores. Flores pintadas, líneas verticales de tonos marrones y verdes, fondos blancos para darle más luz al pequeño local... Y, por supuesto, sillas acordes con una casita de muñecas. O al menos eso fue lo que pensó el demonio al verlas. Frunció el ceño y suspiró. Lo que hacía por Liz. Ella sonrió al ver aquel pequeño sitio de nuevo. Llevaba unos meses en rehabilitación y ella misma había preferido no salir demasiado a la calle, no al menos hasta poder controlar bien sus poderes. Necesitaba concentración y mucha paciencia, y la organización no era especialmente tranquila ni poco movida como para poder concentrarse o relajarse lo suficiente. Para ella había sido más duro que para el resto aunque no lo creyesen. Después de todo, eran su familia, y a nadie le gusta alejarse de su familia. Pero ese no era momento para andarse lamentando. La joven quería un té, y corrió hacia el mostrador señalando las pastas y dulces que había tras las vitrinas. El tipo que les debía atender sonrió ante el entusiasmo de Liz, y la cara le cambió por completo al ver al demonio. Sonrió y le señaló.

- Tú... Tú eres Hellboy. ¡Eres Hellboy!- Ale, el disfraz al carajo. No entendía eso. Tanto esfuerzo en ocultarse tras un sombrero estúpido y un guante que no engañaba a nadie para que le cubriesen. El demonio resopló ligeramente y se quitó el guante y el sombrero ante la emocionada mirada del camarero.

- Sí, soy Hellboy. Venga, dime algo, como que soy feo o algo por el estilo.- Ya estaba acostumbrado a esas cosas así que no le molestaría. Al menos no más de lo que ya le molestaba que se le quedasen mirando como idiotas. Vale que era un demonio de dos metros y pico rojo, pero la gente podía ser un poquito más discreta algunas veces.

- ¿Qué? ¡No! ¿Estás de coña? ¡Si soy tú fan! Mira, dame un segundo.- Y se metió en la trastienda. El demonio frunció el ceño y Liz rió por lo bajo ante la sorpresa de su compañero. De vez en cuando, aparecía alguna persona así, que admiraba la labor del demonio y los demás miembros del B.P.R.D. Era bastante extraño, pero se agradecía cuando pasaba. Al cabo de unos segundos, el hombre volvió apresurado y con una enorme sonrisa. Puso sobre el mostrador varios recortes de periódico donde hablaban de él y la supuesta organización secreta.- Tío, me encanta como tenéis al gobierno desquiciado sin saber qué hacéis y demás. Y gracias por cuidar del mundo. Liz viene por aquí algunas veces y me ha hablado de ti. Tranquilo, no diré que habéis estado aquí ni que lo frecuentáis.

- ¿Frecuentarlo? Pero si yo odio el té... En cualquier caso, gracias. Me alegra saber que hay gente que agradece nuestra labor.- A decir verdad, el demonio lo dijo más por cortesía que otra cosa. Aún estaba bastante chocado con la reacción de aquel tipo tan positiva y alegre. Luego echó a Liz una mirada de reprobación, pero la muchacha le guiñó un ojo con una sonrisa. Maldita Liz y su encanto. Así era imposible enfadarse con ella. Pidió un par de tés y unas pastas y se sentaron en una pequeña mesita redonda. El demonio apenas cabía, y constantemente se movía, intentando colocar su cola lo más cómodamente posible, lo cual no era nada sencillo a decir verdad.- Estas sillas son un asco. ¿Cómo demonios voy a sentarme en una si son más pequeñas que mi brazo? Esto es ridículo.

- Vamos Rojo, no seas aguafiestas y relájate. El tipo parecía ser bastante fan tuyo. Quizás luego te pida que le firmes el pecho o algo así.- La joven no pudo ocultar una sonrisa que le iba de oreja a oreja. Hellboy la miró con la boca entreabierta y el ceño fruncido.

- Vaya, me alegra saber que al menos uno de los dos está disfrutando... ¡Dichosa silla! Además, en parte es culpa tuya. ¿Acaso el tipo sabía que conocías a Hellboy? ¡Ay! ¡Me he pillado el rabo!- Liz se tapó la boca para evitar derramar el sorbo de té que había bebido y comenzó a reírse. El demonio frunció más el ceño y resopló.- ¡Me refiero a mi cola! Me la he pisado con la maldita pata de la silla. Deja de ser una malpensada y contesta a mi pregunta, no escurras el bulto.

- ¿Qué quieres que te diga Rojo? Jack es un tío amable. Me trata bien cuando vengo aquí. Suele guardarme alguna galleta con pepitas de chocolate antes de que se acaben. Es bueno conmigo. Además, siempre me da conversación. Lo mínimo es contarle yo alguna cosa también digo yo, ¿no te parece?- Liz estaba disfrutando de la charla con Rojo. La verdad es que echaba de menos a ese bobo torpón que intentaba impresionarla y cuidarla constantemente. Lo hacía como el mejor, eso sin duda, y las risas nunca le faltaban a su lado, especialmente cuando se frustraba. Mojó una pequeña pasta y se la llevó a la boca, disfrutando del espectáculo que el demonio le ofrecía revolviéndose en la silla.

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MensajeTema: Re: Caballeros, princesas y tazas de té (Lobo Feroz, Xun Augustine)   10th Marzo 2015, 15:48

- Muchas gracias. - Blanca coge su té y yo el mío. Como pensaba, empiezo a marearme un poco con tanto aroma corriendo de aquí para allá. Tengo la mirada un poco perdida y Blanca se da cuenta. - Ve a fuera, descansa un poco y vuelves. ¿Te parece?
- Si, mejor... - Le doy mi te y se lo lleva a una mesa libre, sentándose y dejando las dos tazas en la mesa. Yo por mi parte me dirijo a la puerta de salida. Necesito un cigarrillo o no voy a salir de ésta.

De camino a la salida me cruzo con alguien que ya había visto en la Mansión X. No sé su nombre, pero su cara la recuerdo muy bien: era la alumna asiática que estaba espiando junto a la chica rubia detrás de la puerta del despacho de Drago. Las pillamos infragantis, pero no me importó. ¿Así que también viene a ésta tetería? Si que es famosa...
Salgo fuera y me da el aire de Nueva York. No es que sea mucho mejor a los aromas de la tetería, pero al menos no me mareo. Saco un cigarrillo, lo enciendo e inspiro con fuerza. El efecto narcótico del tabaco me calma, me adormece el sentido del olfato y puedo sentirme más "despierto". Sigo fumando el cigarrillo aunque sea solo para aumentar los efectos. Cuando noto que ya estoy "curado de espanto" tiro medio cigarrilo al suelo y lo apago para volver a entrar a la tetería.

- Ya lo echaba de menos.
- ¿El qué? - Le pregunto a Blanca al sentarme en la silla. El te se me ha quedado algo frío, pero igualmente está bueno.
- Tu aroma a tabaco. Desde que te conozco siempre tienes ese olor alrededor.
- Nos conocimos mucho antes, en las Tierras Natales, ¿o no te acuerdas?
- ¿Cómo no iba a acordarme? La primera vez que nos vimos. Nos salvaste a mi hermana y a mí, y casi me da un ataque al corazón.
- Menudo salvador estoy hecho - bromeo. Si se hubiera quedado en las Tierras Natales no estaríamos hablando ahora mismo, ni tendríamos unos pequeños esperándonos en casa.
- Por cierto, ¿a que no adivinas a quién tenemos cerca?
- Sorpréndeme - bebo la taza de te y me la termino. No está del todo mal...
- ¿Te acuerdas de esas noticias donde pensábamos que alguna Fábula se había escapado de las Tierras Natales y rondaba por Nueva York? ¿El gigante rojo? Lo tienes detrás, a tu espalda.

Me giro levemente para ver si lo puedo ver... Acabo de hacer un chiste sin darme cuenta, como para no verlo. El gigante rojo. Hellboy lo llamaban en los periódicos. Ahora que lo tengo delante me doy cuenta que es más grande de lo que aparentan las fotos, y esa mano de piedra... Joder, es un maldito golem. Y por lo visto, lo acompaña una chica.

- ¿Quieres que lo haga yo o lo haces tú?
- Ya lo hago yo.

Dicho ésto, Blanca se levanta y se acerca a la mesa donde están el grandullón rojo y la chica de pelo negro. Puedo escucharla desde donde estoy.

- Hola, perdona, eres Hellboy, ¿verdad? ¿Podemos sentarnos mi marido y yo con vosotros? Nos gustaría hablar un momento si no os es molestia.

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MensajeTema: Re: Caballeros, princesas y tazas de té (Lobo Feroz, Xun Augustine)   15th Marzo 2015, 12:53

Apenas acababan de sentarse apareció una mujer morena con una sonrisa en los labios preguntando si podían sentarse con ellos. El demonio puso los ojos en blanco y negó con la cabeza.

- Más fans... ¡Claro venid y sentaros! ¿Queréis un autógrafo? ¿Tocar mi mano de piedra o mis cuernos? Vamos, os invito a hacerlo.- Liz le echó una mirada de reprimenda que habría acobardado al mismo diablo, y luego volvió su rostro a la mujer con una sonrisa y levantándose.

- ¡ROJO! ¡Sé amable! ¡Claro que podéis sentaros con nosotros! Por cierto, me llamo Liz. Soy compañera de aquí el grandullón que está poniendo los morros.- Hizo una mueca hacia Hellboy, quien, resoplando también se levantó y saludó a los dos nuevos invitados. Acercaron un par de sillas y al cabo de unos pocos segundos los cuatro estaban en la pequeña mesa. La verdad es que cualquiera que hubiese visto la situación desde fuera la habría encontrado cuanto menos graciosa. En comparación con el resto, Hellboy era como un padre al que su hija le ha obligado a jugar a las mamás y los papás, sentado en una silla completamente inadecuada para su tamaño, y con el semblante serio de alguien que se pregunta qué demonios está haciendo ahí. Jack se acercó a ellos entonces, con una agradable sonrisa en la cara. Comprobó que los dos nuevos invitados ya tenían sus peticiones, de manera que miró a Liz y a Rojo, preguntándoles qué les apetecía.

- Pues yo tomaré un té verde y unas tortitas. ¿Y tú Rojo?- Hellboy miraba la carta como si estuviese intentando algo en chino. Todo le parecía como de broma. ¿Té de manzana? ¿Infusiones? ¿Dónde estaba la cerveza? ¿Dónde había un copazo de whisky? ¿Pastas? ¿Galletitas de avena? ¿Por qué no le daban directamente un laxante? Aquello era de broma.

- Ay, señor... Tomaré leche. Medio litro si puedes. Y una tarta de zanahoria. ¿Puedes ponerme media? ¿Qué? Yo como más que tú. Soy más grande y además, sabes que soy un demonio.- Liz se llevó la mano a la cara como cuando la vergüenza ajena y el bochorno te invaden. Lo único malo que tenía Hellboy es que a veces no sabía comportarse cuando la situación lo requería. No de una manera maleducada, sino que se tomaba unas confianzas o daba por hecho algunas cosas que para el resto de los mortales podían resultar molestas o fuera de tono. Resopló un poco la joven y luego miró a los dos nuevos.

- ¿Y vosotros quiénes sois? ¿De dónde habéis salido? No os había visto antes, a decir verdad. ¿Soléis venir a este sitio? Es agradable la verdad, y Jack es muy bueno.- Ella intentaba ser normal. Le dolía mucho las cosas que había hecho en su pasado, especialmente tenía una pequeña cruz de cuando provocó el incendio siendo apenas una niña. Aunque había intentado no culparse por ello, una parte de sí misma seguía atormentándola con los gritos de aquellos niños que la insultaban y le tiraban piedras. En el fondo no eran más que eso, niños. Ahora intentaba aprender a controlar totalmente sus poderes para evitar que volviese a pasar aquello. Con el paso del tiempo había ido mejorando, pero tras la colisión volvió a sufrir una fuerte desestabilización que la llevó a volver a entrar en el centro de rehabilitación, buscando una manera de entenderlos mejor y poder convivir con ellos sin causar daños.

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MensajeTema: Re: Caballeros, princesas y tazas de té (Lobo Feroz, Xun Augustine)   16th Marzo 2015, 00:56

Nota mental: éste tío es idiota. Al menos su acompañante mucho más educada, aunque no hace falta mucho para superarle. Lo habría agarrado por la chaqueta y lo habría sacado fuera a darle una charla sobre modales frente a mi señora, pero entonces me acuerdo que no estoy en Villa Fábula y éste no es mi territorio, así que me guardo las manos en los bolsillos y espero a que Blanca tome partido antes de que lo haga yo.

- Yo me llamo Blanca, y éste es mi marido quien también es experto en poner morros. - Perfecto: poner verde al marido para caer bien a la muchacha. Buena estratagema, aunque reciba yo de propina.

Saludo con un escueto asentimiento antes de sentarme y poner la taza vacía frente a mis narices. Blanca hace lo propio pero su taza aun está medio llena. Llega el tipo de antes de la barra para ver qué querían el gigante rojo y la morena que se llama Liz. ¿Diminutivo de Elizabeth? Liz pide algo bastante normal, pero en cuanto a su amigo... no puedo evitar dejar escapar el aire por la nariz al sonreír: éste tipo es gilipollas, pero en parte me hace gracia. Menuda cruz debe llevar la tal Liz si va con él a todas partes.
Giro la cabeza hacia Blanca la cual me mira con intensidad. Me conozco esa mirada y me está reprochando algo: yo también soy una cruz a veces. Exhalo como diciéndole "está bien" y cojo la carta que ha dejado Rojo, como le ha llamado Liz.

- Para mí uno de éstos - le señalo con el dedo el único té que me parece que no va a tumbarme aunque esté puesto con el narcótico del cigarrillo.
- Yo otro de lo mismo. Gracias. - El tipo se va con el pedido y Liz nos ataca a preguntas. Es agradable tengo que reconocerlo. Supongo que de los dos alguien tiene que serlo. Por mi parte dejo que hable Blanca. - Somos de por aquí, de Nueva York. Vivimos desde hace mucho tiempo en un barrio no muy lejos de aquí, y no, no es la primera vez que vengo: me gusta mucho éste lugar pero por mi trabajo como funcionaria no tengo muchas ocasiones de venir. Además, hoy es especial porque he conseguido sacar a éste de la oficina y que me acompañara.
- Lo dices como si necesitaras una correa para sacarme del despacho.
- A veces me pregunto si no sería mejor, créeme - sonríe bromeando pero sé que dentro de esa broma esconde algo de razón. Le devuelvo la sonrisa como si no tuviera importancia. - De hecho, la razón por la que nos hemos acercado a vosotros no es porque seamos fans o algo por el estilo, perdona por el malentendimiento - eso último se lo dice directamente a Rojo. - Os hemos estado investigando. Bueno, a decir verdad hemos leído todo cuanto ha salido de vosotros en los periódicos, sobretodo de ti. No es porque quisiéramos saber vuestros secretos ni quisiéramos haceros daño sino que, al principio pensamos que tú... bueno...
- Pensamos que eras un troll. - Blanca me fulmina con la mirada. - Perdón: un troll o una criatura de nuestro mundo.
- Perdona el poco tacto de mi marido: es bueno en su trabajo pero a veces se olvida de dejar el martillo en casa. La cuestión es que nosotros venimos de otro mundo, como muchos otros tras lo sucedido en la colisión, pero el nuestro por así decirlo, es especial. - Se percata que nadie está escuchando o que no haya nadie cerca. Yo hago lo propio por si alguien de los aquí presentes se gira al escuchar lo que va a decir. - Somos fábulas. Somos los personajes que salen en los cuentos de hadas.

Al terminar de decir eso escucho que se acerca otra vez el camarero y le pongo la mano encima del muslo a Blanca, que sepa que guarde silencio un segundo. Cuando llega lo hace con una bandeja enorme, dejando la media tarta que había pedido Rojo frente sus narices, el té de Liz y Blanca y mi...
- ... ¿Qué es esto?
- Lo que ha pedido el señor.
- Creí que estaba pidiendo un té

El chico sonríe y se va. Me ha dejado con lo que parece una magdalena con trocitos de colores encima de una corona de nata o algo parecido, y con una palmerita y lo que parece una mini-rosquilla... ¿Qué demonios...? Miro a Blanca sin saber qué hacer con eso y la encuentro aguantándose la sonrisa, encogiéndose de hombros. Vuelvo la mirada a la... cosa esa y la cojo con dos dedos, preguntándome cómo darle un mordisco cuando Blanca continúa con lo suyo.

- Dejad que nos volvamos a presentar: yo soy Blancanieves y éste de aquí es mi marido, el sheriff de Villa Fábula, Lobo Feroz.
- No está nada mal... - anuncio después de darle un mordisco al pastelito ese.

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MensajeTema: Re: Caballeros, princesas y tazas de té (Lobo Feroz, Xun Augustine)   17th Marzo 2015, 11:34

Liz y el demonio se miraron el uno al otro con el ceño fruncido y luego volvieron a mirar a los dos nuevos invitados. Hellboy levantó las cejas y se incorporó, acercándose un poco más a la mesa.

- A ver si lo he entendido... ¿Decís que sois Blancanieves y el Lobo Feroz? ¿Los de los cuentos que se leen a los niños?... ¿Y eso de "sheriff de Villa Fábula"? ¿Es donde vivís? Y yo que pensaba que lo había visto todo. Esto sí que es una verdadera sorpresa.- Rojo cogió un trozo de tarta y se la llevó a la boca. ¡Personajes de cuentos! Allí, en Nueva York. Y al parecer coexistían con personajes como el gran Batman o Superman, ya que provenían de su universo.- No me malinterpretéis, simplemente estoy acostumbrado a ver toda clase de seres sobrenaturales, avernales o celestiales, pero que unos personajes de cuento existan de verdad es algo que no se ve todos los días.

- ¡Oh dios mío! ¿Eres de verdad Blancanieves? ¡Eras mi princesa favorita de niña! Me sabía de memoria tu cuento... Que luego en el fondo no era tan cuento como yo siempre había creído. Quiero decir, el relato verdadero. Y tú el Lobo Feroz... Madre mía, no sabéis lo que es esto para mí... ¡Eráis personajes con los que yo crecí! Es impresionante... ¿Y hay más? Quiero decir, ahí en Villa Fábula. Supongo que estarán otros personajes de cuento, ¿verdad?- Y entonces Liz bajó un poco la cabeza y se sonrojó ligeramente tras el entusiasmo inicial.- Perdón, no quería ser descortés ni maleducada... Es simplemente que... Vaya, ¡qué fuerte!

- Si bueno, lo de que me hayáis confudido con un troll... ¿Tan guapos son los trolls en Villa Fábula? Los trolls a los que generalmente nos enfrentamos suelen ser mucho más feos, de colores verdes y llenos de verrugas y demás. Y no salen a plena luz del día.- Era fácil reconocer a un troll, al menos así le resultaba a Rojo. Se había enfrentado innumerables veces a ellos, y había de todas las formas y tamaños. Sin embargo, había rasgos característicos en todos ellos, como el odio a la luz solar, sus grandes dientes que sobresalían de la boca, y que no tenían cuernos. Aunque bueno, a saber cómo eran en el pueblecito del que provenían ellos. Además, siendo de los cuentos habría toda clase de seres mágicos.- No te preocupes por lo de los fans, no debería haber saltado tan fácilmente. Pero cuando la gente te persigue por las calles o te insulta constantemente al final les acabas cogiendo un poco de tirria.

Miró a Liz con cara de "¿Ves? Yo también puedo ser amable". Ella negó con la cabeza pero con una sonrisa. Removía con cuidado el té mientras tomaba un poco de sus tortitas.

- Oye, ¿y esa tal Villa Fábula? ¿Dónde está? ¿Se puede visitar? La verdad es que me encantaría conocer a todos los personajes de los cuentos de mi infancia... Sería precioso.- Como todo niño, Liz había leído o visto las películas de los cuentos de hadas populares. Blancanieves, Caperucita Roja, Los Tres Cerditos, Pinocho... ¿Quién no las conocía? Solo alguien que viviese debajo de una roca o algo por el estilo jamás habría oído hablar de aquellos personajes o no sabría quiénes o qué eran cada uno. Desde luego que el Lobo Feroz fuese el bueno era cuanto menos curioso. En los cuentos siempre era representado como el villano. Ahora, en ese pequeño lugar del que provenían, era el sheriff. Aunque mirándolo de ese modo, pocos se atreverían a cuestionarle. Después de todo, era el Lobo Feroz, el ser más siniestro y que más pesadillas había causado a los niños, persiguiéndolos en sus sueños, intentando devorarlos.

Hellboy bebió un poco de leche para tragar mejor la tarta.

- ¿Y vosotros qué hacéis? Quiero decir, ¿cuál es vuestro cometido? Nosotros nos dedicamos a mandar a bichos demoníacos y demás de vuelta al infierno, o a parar a cualquiera que tenga ganas de armarla. ¿Tenéis algún tipo de poder? ¿Sois mágicos o algo por el estilo? Perdonad la indiscreción, pero nunca había oído hablar de vosotros hasta ahora, y la verdad es que me intriga saber qué hacen los personajes de cuentos en un mundo como este.- No era una amenaza ni una pregunta capciosa. Simplemente el demonio también tenía dudas. Él también había leído las fábulas de Esopo y los relatos populares, aunque de forma menos activa. Desde crío, su padre, el profesor Broom, le había contado otra clase de cuentos. Los de la creación del mundo mágico, las razas no humanas, como elfos, trolls, enanos y hadas, y el cómo coexistían entre ellos. Parecía una tontería, pero muchas veces la mejor manera de enfrentarse a un ser mágico estaba en aquellos cuentos que leía antes de dormir en la base de México. Obviamente sabía quiénes eran Blancanieves y el Lobo Feroz, pero habría sabido contar mejor la historia del príncipe de los elfos Nuada, el troll Mongli, o la de Boffin, el enano que partió de un puñetazo una montaña.

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MensajeTema: Re: Caballeros, princesas y tazas de té (Lobo Feroz, Xun Augustine)   17th Marzo 2015, 14:36

- Es normal tu reacción. Muy pocos saben que existimos y así queremos que siga. Nos mantenemos en un tercer plano, ocultándonos del mundo mundano, es decir, de los ojos de los humanos. Llegamos a Nueva York en una época bastante agitada, y de poco nos faltó a alguno de nosotros acabar en una hoguera o algo peor. - Blanca me mira a ver si quiero añadir algo en concreto, pero tengo la boca llena con esa magdalena que me habían servido. - Vivimos aquí en Nueva York como he dicho antes. Nuestro barrio se llama Villa Fábula y si, mi marido es el sheriff y vela por nuestra seguridad, así como yo soy la ayudante de Alcalde, aunque sin ser modestos, se podría decir que toda Villa Fábula recae sobre mis hombros. Estamos esparcidos por el resto del mundo también, ya que cada reino de las Fábulas tenía sus costumbres.

La reacción de Liz toma a Blanca por sorpresa, se lo huelo, pero como persona pública que es se mantiene en sus trece, sonriendo a la morena tras su comentario. Al cortarse un poco, Blanca le coge la mano y se la sostiene entre las suyas.

- Somos reales y estamos aquí, y si, hay muchos más de donde venimos. Pero ten en cuenta que los cuentos son solo cuentos, y algunas de las cosas que se dicen no son del todo verdad. Ya se sabe lo que pasa con la libertad del autor y todo eso.
- La verdad es que los nuestros son más o menos como tú - le respondo a Rojo después de terminarme por fin aquel pequeño dulce. - Son grandes, musculosos, con mucha mala leche y ganas de destrozarlo todo a la mínima que los alteras. Pero por suerte no van por ahí mostrando como son en realidad. Tenemos unas normas de convivencia con el mundo mundano para no llamar la atención. Yo puedo cambiar mi aspecto al de lobo o al de mundano por la sangre de mi padre, el Viento del Norte, pero hay otros que necesitan una pequeña ayuda mágica llamada glamour, cambiando su aspecto. De haber sido Rojo un troll no me habría extrañado, ya que no sería el primer caso de una Fábula que no pagara por su glamour o quisiera gastar alguna que otra broma.
- Por norma general no dejamos que nadie se acerque a Villa Fábula por motivos de protección, pero en vuestro caso se haría una excepción. Por ello nos hemos presentado: estamos intentando afrontar éste nuevo mundo desde otra perspectiva, ya que en nuestro universo solo estábamos nosotros como seres mágicos, pero ahora... Ahora las cosas han cambiado bastante. De querer ir sería un placer hacerte de guía por nuestra Villa.

Por lo que veo, la conversación se ha dividido en dos: Blanca se ha quedado con la morena, y a mí me toca el Rojo. La verdad es que, visto desde fuera, sería bastante razonable: las chicas con las chicas, y los tipos rudos con los tipos rudos. Miro a Rojo con mi ya acostumbrada mirada opaca. De tener un cigarrillo le daría una calada, pero me conformo con no hacer absolutamente nada.

- Nos dedicamos a sobrevivir, por así decirlo. Llegamos a éste mundo buscando refugio de nuestro mayor enemigo, El Adversario, el cual conquistó todas las Tierras Natales, pasando por la espada a quien se opusiera. En nuestro universo conseguimos derrotarle hará unos cuantos años y reclamar de nuevo las Tierras Natales, pero aquí nos ves: nos hemos adaptado a éste nuevo mundo. Y por lo que respecta a nuestros poderes, una Fábula es tan fuerte como famoso sea su cuento, llegando incluso a ser inmortal. Llevamos existiendo desde hace muchos siglos y es bastante difícil matarnos. Pero igualmente podemos morir.
- También tenemos derecho a regalarnos un día para nosotras mismas, ¿no crees? Salir y relajarnos haciendo lo que queramos sin pensar en nuestras vidas.

Me parece que la conversación entre las dos chicas ha cogido una curva en algún momento y ahora se están contando sus vidas, o preparándose para salir a tomar algo juntas, hablar de sus parejas... No me había dado cuenta hasta ahora lo mucho que necesitaba Blanca a una amiga fuera de las Fábulas para desconectar un poco con la Villa. Por mi parte me miro a Rojo. ¿Acabaremos bebiendo cerveza mientras nos fumamos un puro hablando de los deportes o de coches?

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MensajeTema: Re: Caballeros, princesas y tazas de té (Lobo Feroz, Xun Augustine)   18th Marzo 2015, 12:22

Escuché las palabras de Blanca y de cómo intentaban mantenerse con vida y a salvo en aquel mundo. La verdad es que se había ido casi todo al garete. Yo misma sufrí el choque en mis poderes. Ahora que había aprendido a controlarlos casi por completo, llega esta mierda y los vuelve a dejar totalmente al libre albredrío. Menudo chasco. Por eso tuve que dejar a Rojo, Azul, a Krauss, a Kate, a Manning... Al B.P.R.D en general. Ellos eran mi familia, pero Rojo era el único capaz de sobrevivir a un ataque mío directo, y a pesar de ello podría haberle llegado a hacer daño si se me iba demasiado de las manos. Después de todo, el ser que vivía en mi era un ente demoníaco, y el fuego que yo usaba era infernal, de manera que, en una dosis lo suficientemente fuerte, habría podido quemar incluso a Hellboy, algo que no me habría perdonado.

Pude comprobar como Lobo se puso a hablar con Rojo, lo cual me permitía entablar conversación con Blanca. Aquello era como un sueño. Hablar con nada más y nada menos que Blancanieves, mi princesa favorita desde niña. Puede que porque fue la primera que leí, puede que porque la película me encantaba, no lo sé, pero era ella. Y la verdad es que tener alguien con quien hablar de cosas que no fuesen demonios y demás era sinceramente de agradecer. No es que me molestasen Abe ni Rojo, ni mucho menos. Les quería mucho, pero a veces echaba de menos compañía femenina, y Kate a veces no era suficiente. Después de todo, seguía siendo parte de la organización. Quería salir, ver mundo, conocer a gente como nosotros pero al mismo tiempo distinta, y por fin había encontrado una persona con la que compartirlo, aunque fuese una mañana.

- Lo entiendo... Nosotros se supone que somos la mejor organización de investigación y nunca habíamos oído hablar de vosotros. La verdad es que es un secreto muy bien guardado. Y tranquila, nosotros lo guardaremos. De hecho, a ver, no soy quien para decir nada, pero podemos ayudaros si lo necesitáis. Generalmente nos enfrentamos a seres sobrenaturales demoníacos o celestiales, pero las criaturas mágicas también están a la orden del día. Y estando como está el mundo, cuantos más aliados tengamos mejor.- Estaba bastante más animada conforme avanzaba el día. Ya me había hecho ilusión poder salir un poco con Hellboy, y más llevándole a aquella tetería que me encantaba y que, siendo un poco mala por mi parte, sabía que él iba a detestar. Le daba un toque tierno a Rojo, verle ahí sentado en esa silla enana y con una taza en la manaza de piedra... Sonreí para mí misma.

- También tenemos derecho a regalarnos un día para nosotras mismas, ¿no crees? Salir y relajarnos haciendo lo que queramos sin pensar en nuestras vidas.- La oferta de Blanca provocó que se me iluminasen los ojos. Por fin, hacer cosas de chicas, como irnos de compras, charlar sobre chicos, o cualquier cosa de esas. Sonaba divertido y no pude evitar mostrar mi entusiasmo.

- ¡Claro! Sería divertido. Además, nosotros vivimos cerca de aquí de Nueva York. Y estaría encantada de visitar vuestra pequeña villa para conocerla y aprender más de vosotros. Y a cambio podéis venir a nuestra base obviamente. Tal vez encontréis algo que os sirva de ayuda allí, aunque esté toda llena de gente haciendo cosas constantemente. Puede llegar a ser cargante la verdad, pero bueno, es mi hogar después de todo. Pero bueno, cuéntame. Dices que estás casada con Lobo. ¿Cómo os conocisteis? Y bueno, ¿siempre habéis vivido en Villa Fábula? Quiero decir si antes vivíais en algún mundo mágico como el de los cuentos y un día de repente aparecisteis aquí en la tierra o cómo fue.- La verdad es que tenía curiosidad por ver cómo habían aparecido en este mundo, cómo habían entrado en él y si había sido muy doloroso o duro. A decir verdad, aparecer repentinamente en un lugar donde la gente está a punto de quemarte no era muy agradable, desde luego. Pero por algún sitio había que comenzar una conversación, y nada mejor que por el principio.

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MensajeTema: Re: Caballeros, princesas y tazas de té (Lobo Feroz, Xun Augustine)   19th Marzo 2015, 11:12

- Gracias. Es todo un detalle por tu parte éste ofrecimiento. - Cierto era lo que decía Liz: en éstos tiempos tan locos que estaban viviendo, con criaturas de todo tipo saliendo de las grietas más pequeñas y recónditas del nuevo mundo, ¿cómo iban a poder sobrevivir si no era con aliados? Y su organización era todo un secreto, pero si era cierto lo que decía la morena sobre su experiencia contra criaturas mágicas, serían unos grandes aliados si aparecía alguna amenaza casi extinta o, quien sabe, tal vez apareciera una nueva proviniendo de otra dimensión.

Había sido todo un acierto ir aquel día a la tetería con Lobo: conocer a Liz podría ser lo mejor que le hubiera pasado en días o semanas incluso. Con todo el trabajo de la administración de El Bosque que le delegaba el alcalde y los problemas que eso reportaba, salir a dar una vuelta, charlar tranquilamente con una amiga y relajarse sería como una especie de terapia. Cierto es que en Villa Fábula tenía sus amigas Cenicienta Y Zarzarosa, pero al final siempre terminaban despotricando del Príncipe Azul. Su hermana estaba muy ocupada con el trabajo en La Granja o con los niños. Lobo últimamente se pasaba la mayor parte del día investigando y alerta, y no se lo reprochaba porque era su trabajo, lo hacía bien y la mayoría de las órdenes que recibía se las daba Blanca. Sabía que si por él fuera se pasaría el día con los niños y con ella, pero era el protector de Villa Fábula, de La Granja y sobretodo de la Mansión Feroz. Quien sabe, tal vez conocer a ese tal Rojo le aportara también esa válvula de escape que tanto necesitaban.

- No creo que esté peor que nuestro despacho del alcalde - rió Blanca llena de energía por primera vez en mucho tiempo. Entonces llegaron las preguntas de Liz, y eso le hizo gracia a Blanca, ya que parecía haberse escrito una norma general que era extrañarse que el gran Lobo Feroz se hubiera casado con la princesa Blancanieves. Le echó un vistazo a su marido el cual estaba hablando con Rojo. Le echó una de esas miradas entre deseo y cariño, sin saber muy bien por donde decantarse y luego volvió a Liz. - Verás, fue algo extraño. No sé si habrás escuchado lo que ha dicho Lobo pero, hace tiempo, nuestras Tierras Natales que es de donde procedemos fueron atacadas por un gran enemigo. Tuvimos que huir para no ser encarcelados o eliminados. Por aquel entonces era una chiquilla a la que le habían roto el corazón, y no sabía que hacer. Por suerte tenía a mi hermana conmigo y me ayudó a escapar. Me protegió como el príncipe que siempre había necesitado. Entonces, durante una redada del Adversario, apareció Lobo y nos salvó. Él siempre me ha dicho que se prendó de mi la primera vez que me vio, pero yo tenía demasiado miedo de él como para sentir lo mismo. Las historias corren y la del Lobo Feroz no es de las que se pasen por alto. Pero nos salvó, nos protegió y nos llevó lejos de aquel infierno. Traspasamos unos portales que nos conducieron al mundo mundano, es decir, éste pero de nuestro universo. Llegamos sin nada, y nos establecimos en varias parte del mundo. Nosotros ayudamos a fundar Nueva York, y nos quedamos una pequeña parte que sería nuestro barrio, Villa Fábula. Con el tiempo cada uno desempeñó su papel, y el Rey Cole le pidió a Lobo que fuera nuestro sheriff. Le costó aceptarlo porque siempre había vivido por su cuenta, y al principio le costaba hacer respetar la ley sin hacer daño a nadie. Pero conmigo siempre fue amable, a su modo. Yo le tenía cierto respeto, pero no miedo, y hubo un momento en que empecé a tenerle cierto cariño, pero entonces llegó mi actual cargo y tuve que centrarme en mi trabajo, apartándolo todo. Pero Lobo no desistía, era y es así de cabezota, y siempre le tenía para apoyarme. Al final pasó lo que tuvo que pasar, aunque fue por un hechizo que nos echó Ricitos de Oro. Me dejó embarazada y lo odié por ello, pero... - Blanca se puso el cabello tras la oreja, como si recordara el pasado - cuando estuvimos en peligro de muerte, apareció como siempre para salvarnos, y entonces me di cuenta que no lo odiaba, sino que le quería con locura. Y así terminamos por casarnos. Lo más gracioso de todo es que siempre me habían dicho que tenía que casarme con un caballero de brillante armadura, con un príncipe refinado y atento, y resulta que el mejor caballero se escondía bajo la piel del peor de los monstruos de nuestra historia. Curioso, ¿verdad? Pero él es todo cuanto he querido: es atento, sincero hasta hacer rabiar, amable, cariñoso, protector... Nunca me ha puesto una mano encima y jamás me ha tratado como a alguien inferior. Sabe que si hay una crisis puede contar conmigo que no me voy a esconder ni echar para atrás, y sabiendo que él está cerca me inspira el valor que necesito para mantenerme de pie. La pérdida de mi familia, mis tierras y el trabajo en la alcaldía me han endurecido, me han hecho madurar, pero a veces toda mujer de hielo necesita tu pilar con el que apoyarse. - Llevó una mano hacia la de Lobo y se la cogió. Éste se giró y se hizo el sorprendido, sonriendo. - Se hace el despistado pero sé que me ha escuchado. Siempre está atento a todo lo que se dice a su alrededor y no se le escapa nada. - Blanca rió y volvió para con Liz. - ¿Y tú? Cuéntame, ¿vosotros dos salís juntos?

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MensajeTema: Re: Caballeros, princesas y tazas de té (Lobo Feroz, Xun Augustine)   20th Marzo 2015, 12:22

El demonio escuchaba las palabras de Lobo con atención. Parecía que no habían tenido una vida sencilla. En el fondo, ¿quién la había tenido? Parecía que todos aquellos con los que se uniese o de los que supiese algo les había mirado un tuerto al nacer. Aunque tal vez eso fuese la chispa que provocaba que decidiesen querer cambiar las injusticias o los delitos que se cometían a diario. Un alma rota suele estar más dispuesta a arriesgarse por el resto. En cualquier caso, lo que decía Lobo tenía lógica. Si los trolls eran parecidos físicamente a él tenían sus razones para haber pensado en ello en primera instancia.

- Bueno, ahora ya sabéis que lo que en el fondo soy es un demonio. Pero no te preocupes, me han llamado cosas peores que troll.- Y sonrió a Lobo. A decir verdad, le recordaba a él. Se dedicaba a proteger a los suyos de las amenazas que asolaban el mundo. Hellboy hacía prácticamente lo mismo, solo que de vez en cuando se tenía que enfrentar a los de su propia especie para proteger a los más débiles, siempre y cuando estos viniesen con ganas de joder o queriendo matar a cualquiera que se interpusiese en su camino. También parecía reservado y calculador. Seguramente estaría analizándole en ese momento. El demonio se percató de que Liz y Blanca conversaban alegremente, así que decidió hacer lo propio con Lobo.- Qué me vas a contar de supervivencia... ¿Sabes lo que es salvar una ciudad de un elemental como un edificio de grande y que luego te miren mal o te insulten? Al final hemos creado una especie de familia, donde nos cuidamos los unos a los otros. Los que allí estamos solemos ser criaturas que por alguna razón causamos miedo y repulsión hacia el resto de seres. Yo supongo que por ser un demonio, Liz por controlar el fuego, y otro compañero nuestro por tener un aspecto de pez. Sabemos lo que es intentar sobrevivir en un mundo caótico como este.

Le llamó la atención lo del glamour. Por regla general, las criaturas mágicas tenía el poder suficiente para pasar desapercibidas entre los humanos, o al menos así funcionaban por regla general. Ilusiones, disfraces, invisibilidad... Toda clase de pequeños trucos para que, a ojos de los humanos, fuesen invisibles u otros humanos normales y corrientes. Era mucho más cómodo y evitaban muchos encuentros incómodos. Los seres mágicos tenían el mismo odio hacia los hombres que estos hacia las criaturas, de manera que evitaban el contacto tanto como podían. Comió un trozo de tarta y miró a Lobo.

- Hay un sitio aquí en Nueva York conocido como el "mercado Troll". Podríamos llevaros. Allí se reúnen todas las criaturas mágicas y sobrenaturales de la ciudad. Hay de todo, y aceptan a cualquier criatura mágica o con poderes místicos que quiera ir. Podrías usarlo como lugar para desconectar de vez en cuando si lo necesitáis. Nosotros vamos algunas veces. Nos viene bien. Podrías venir con nosotros. Después de todo, las criaturas como nosotros siempre debemos apoyarnos llegado el momento de necesidad.- No era mala idea. Cuando el demonio no podía más o si necesitaban desconectar un poco de todo, iban al famoso mercado a beber algo, enterarse de las últimas novedades del mundo mágico y cosas por el estilo. Era un poco incómodo, ya que allí no le faltaban enemigos o seres que escupían a su paso llamándole traidor y cosas peores, pero a la larga estaba bien. Incluso puede que encontrasen a algún personaje de cuentos más, o a otros como ellos: personajes de los cuentos que él escuchaba y que podrían aconsejarles de alguna manera acerca de cómo vivir sus vidas o cómo avanzar.

>> La entrada se encuentra bajo el puente de Brooklyn. Si queréis la primera vez os enseñamos como llegar y ya vais cuando queráis. En cualquier caso, sí nos gustaría conocer vuestra Villa, siempre y cuando sea posible y no seamos una molestia. Más que nada para ayudaros en el caso de que lo necesitéis. Después de todo, nos enfrentamos a seres mágicos nosotros también, y podríamos echarnos un cable mutuamente con las criaturas que nos encontremos. Nosotros tenemos una enorme biblioteca donde encontramos casi toda la información que necesitamos, pero os podría venir bien. Tal vez queráis echarle un vistazo o algo. Y así podríamos irnos a un bar a tomar una cerveza o algo menos... "Cursi".- Estas últimas palabras las dijo entre dientes y en voz baja, para que sólo las pudiese escuchar Lobo. Era cierto que un día era un día, y sabía que Liz apreciaría su compañía. Pero estaba constantemente moviéndose sobre la silla, con el culo dolorido por la incomodidad de esta, y que no conseguía encontrar una postura que consiguiese la perfección entre su trasero y su cola. Miró a Liz para cerciorarse de que no había escuchado ese comentario, y la vio riendo mientras hablaba con Blanca. Una sonrisa se dibujó en los labios del demonio al verla feliz. Bueno, si no era él quien podía hacerla feliz se alegraba de haber encontrado a gente que sí podía hacerlo.

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MensajeTema: Re: Caballeros, princesas y tazas de té (Lobo Feroz, Xun Augustine)   22nd Marzo 2015, 15:52

Un demonio, un pez, y Liz resulta que controla el fuego. Menudo grupo más variopinto e interesante, y además su historia no me resulta ajena. ¿Salvar una ciudad de una criatura y que te lo agradezcan a pedradas? Cómo estaría él si tiene que cuidar de un grupo de niños mentales que a la mínima te vienen a llamar a la puerta, quejándose por ésto o por lo otro, incluso después de decirles una y otra y otra vez que ésto no son las Tierras Natales, y por mucho que tengan el derecho de quejarse a las autoridades por algún inconveniente, un día éstas autoridades arrancarán cabezas sin ton ni son. Pero en fin, no me quejo: aun habiendo pasado siglos desde nuestra llegada y pese no haberse adaptado a los nuevos tiempos que corren, al menos estamos a salvo, o eso intento.

Me habla de un lugar llamado "mercado Troll". Es curioso que nosotros buscábamos lo que creíamos que era un troll, y resulta que me entero de un lugar con ese nombre. La idea de que algo así exista... Si fuera parte de las Tierras Natales tendría que ir de forma inmediata a poner "orden": una de las leyes establecidas por Villa Fábula fue la agrupación de todo material mágico, ya fueran artefactos u otros objetos, su catalogación y distribución de dichos objetos para que lo mantuviera una fábula concreta y así mantener un registro de los objetos y su uso. Si ese "mercado troll" tuviera objetos de nuestras tierras se originaría el caos. Por suerte no creo que fuera así.

- Así que mercado troll. Curioso el nombre. No me imagino un troll llevando un mercado, aunque ahora con la integración en éste mundo se han visto obligados a ello. Una de nuestros trolls lleva un bar por poner un ejemplo. - Miro a Blanca de reojo y la veo animada, charlando con entusiasmo y sonriendo. - De momento tengo que negar la oferta, y si vamos a ese mercado troll, seguramente vaya yo solo de forma oficial para echarle un ojo al terreno y lo que hay. Aun así no creo que vayamos a echarnos unas birras para desconectar. Nos pasamos el día a día entre los nuestros, topando a la puerta de nuestros despachos para exigir algo o quejarse de otra cosa. Entre eso y la constante vigilancia a la que someto Villa Fábula, nuestro momento de relax y desconectar sería éste. Míralo de éste modo: cuando te hartas de comer comida mágica, quieres un buen filete normal y corriente. - Se que Blanca diría lo mismo: de ir a ese mercado troll no conseguiría hacer que desconectara y estuviese así de eufórica. - Lo de visitar Villa Fábula es más aceptable. Somos parte de la ciudad así que no será complicado ir a que os paseéis un poco, y si venís nos podremos tomar esas cervezas a un par de lugares que conozco, o algún que otro lingotazo. Me deben muchos favores así que pagarlos con un par de botellas les saldrá a precio regalado - sonrío ladino, pensando en la cara que pondrían al escuchar que Lobo Feroz cobra sus favores a base de cerveza y whisky. Lo que me reiría...
>> Hace un momento has dicho que estáis acostumbrados a pelear con criaturas mágicas. ¿De qué tipo? Según me he informado estáis especializados en criaturas infernales. - No iba a preguntarle que si siendo un demonio, no le era raro pelear con los suyos. Sus motivos tendrá y no soy el más adecuado para preguntarle eso.

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MensajeTema: Re: Caballeros, princesas y tazas de té (Lobo Feroz, Xun Augustine)   30th Marzo 2015, 18:27

Escuchó atentamente lo que le contaba Blanca. Todas sus alegrías y penurias, sus venturas y adversidades cuando tuvieron que afrontar a aquél peligroso Adversario y cómo Lobo había aparecido en el último momento para rescatarla, como los grandes héroes de las películas o el clásico príncipe azul de los cuentos. Liz no había tenido infancia; el fuego se la había arrebatado junto con todo cuanto amaba y conocía cuando tenía tan sólo 11 años. No había tenido pues ocasión de compartir los sueños de las niñas de su edad. Para ella no había habido castillos de cristal ni caballeros de brillante armadura, sólo llamas, angustia, desesperación y terror. Pero quedaba algo, un tierno vestigio de su infancia, los cuentos de hadas que su madre le leía cuando era muy niña para que se durmiera. Blancanieves había sido el primero, y aunque todos habían ardido durante el incendio que había arrasado su casa, había tratado de volver a completar su colección años más tarde, siendo ya adulta. Había procurado recuperar las mismas ediciones que ella tenía de pequeña, las mismas que su madre le leía, y actualmente los guardaba como pequeños tesoros, los últimos vestigios de una época feliz, aunque eso ni siquiera Rojo lo sabía.

Rojo... ¿cuántas veces la había rescatado él en el transcurso de aquellos tumultuosos años? Sabía bien lo que el gigantesco demonio sentía por ella, pero por alguna razón nunca se había permitido sentir lo mismo hacia él. Y sin embargo, a medida que Blanca hablaba y explicaba su relación con Lobo, más y más paralelismos encontraba. A pesar de su carácter, Rojo se había mostrado siempre amable con ella, y aunque muchos le temían, ella siempre había sido capaz de ver más allá de su aspecto y ver el lado tierno que escondía su corazón. También era un grandísimo cabezota, pero precisamente por eso era uno de los pocos que no se habían rendido nunca con ella, que siempre había estado ahí para apoyarla incluso en sus peores momentos... Atento, sincero, amable, cariñoso, protector... Todas ellas cualidades que también se le podían achacar al demonio. Nunca me ha puesto una mano encima y jamás me ha tratado como a alguien inferior. Toda mujer de hielo necesita tu pilar con el que apoyarse.... Liz se mordió sin darse cuenta el labio inferior. No escuchó el siguiente comentario de la mujer, hasta que Blanca le puso una mano en el brazo y la sobresaltó con su pregunta: ¿Y tú? Cuéntame, ¿vosotros dos salís juntos?

- ¿Qué? ¡No! No... -exclamó, y rió nerviosamente, acariciándose la blanca piel del brazo como si no supiera en dónde meterse. Esperaba que su compañero no hubiese escuchado aquella parte de la conversación-. Rojo es...

Se tomó algunos segundos para meditar la respuesta. ¿Qué era realmente para ella? Apenas era capaz de concebir su mundo sin él, y sin embargo...

- Es... un gran amigo -dijo finalmente mirando a Blanca a los ojos-. Le conozco desde hace mucho y siempre ha estado ahí cada vez que le he necesitado. Le... le aprecio mucho -miró de reojo al demonio para cerciorarse de que no las estaba escuchando-. Pero no somos novios.

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MensajeTema: Re: Caballeros, princesas y tazas de té (Lobo Feroz, Xun Augustine)   31st Marzo 2015, 15:45

OCC:
 

Las palabras de Lobo eran lógicas. ¿Salir de un lugar llamado Villa Fábula, atestado de seres mágicos, para ir al mercado Troll, que era prácticamente lo mismo? Si claro, muy bueno Rojo. Te habías lucido. Aunque lo de ir a la villa para tomar allí un lingotazo o una cerveza le gustaba. Además, si lo hacían Liz podría conocer a más criaturas de los cuentos, y eso seguro que la animaba. El demonio sonrió para sí sin mirarla, inmerso en sus pensamientos. La verdad es que no lo había hecho tan mal. Durante setenta años había estado luchando y defendiendo a los suyos de las criaturas avernales. Bueno, un poco menos, ya que hacía setenta años que entró en ese mundo. Cincuenta. Dejémoslo en cincuenta. Eso sí podía haber sido. Veía a su compañera disfrutar de su agradable charla con Blanca. El demonio no prestaba atención a lo que decían. Le gustaba darle intimidad a Liz si lo necesitaba. En el caso de que quisiese captar su atención lo habría hecho con algún movimiento familiar o palabra que sirviese de señal. Por el momento, se dedicaba a charlar con Lobo.

La pregunta que este le formuló le dejó pensando unos segundos antes de levantar las cejas y abrir levemente la boca, mientras pensaba.

- Sí... A ver, el B.P.R.D. se creó para defender al mundo de cualquier amenaza sobrenatural, especialmente de las infernales. Ya sabes, demonios, dragones, seres mitológicos... Esa clase de cabronazos con ganas de comerse todo lo que tengan delante. Sin embargo, también tenemos contacto y nos enfrentamos algunas veces a seres mágicos. La mayoría suelen ser personajes o criaturas de las leyendas o cuentos. Seres de la cultura popular. Brujas, duendes, trolls, gnomos, dragones, gigantes, elementales... Cualquier criatura con ciertos atributos mágicos. Lo que pasa es que es un tipo de magia especial. No solemos tratar con simples místicos o seres capaces de hacer trucos de magia. Lo que recae sobre nosotros son los seres con propiedades mágicas arcanas. Seres que pueden embaucar a los hombres, aprovecharse de ellos, usar sus ilusiones para desaparecer... De hecho, a juzgar por lo que nos has explicado del glamour, es probable que pertenezca a ese tipo de magia. La magia es en sí algo sobrenatural, y por eso nosotros tenemos que controlar quién la usa y como, hasta cierto punto. Únicamente tratamos o nos enfrentamos a quienes la usan de manera inapropiada, como resucitar a los muertos, embrujar una ciudad, invocar espíritus o criaturas abismales... Más o menos eso es lo que recae sobre nosotros. Cualquier alteración de la propia realidad que amenace al mundo. Si un duende usa un truco de magia para que su sopa sepa mejor obviamente no vamos a ir a verle. Pero si esa sopa es en realidad un portal a otra dimensión, la historia cambia. ¿Vosotros qué clase de criaturas mágicas tenéis en vuestra villa?- Una respuesta bastante real a decir verdad. Básicamente era eso lo que ellos hacían. Enfrentarse a cualquier criatura que quisiese estropear la realidad o el mundo valiéndose de magias o poderes relacionados con el ocultismo. Otra clase de amenazas, como las de los mutantes no les incumbían. Para eso estaban los héroes de las mallas que tanto les gustaba salir en la televisión. Su responsabilidad eran los monstruos que habitaban en las pesadillas de los niños y no tan niños, que llegaban al mundo con la intención de esclavizarlo bajo el yugo de la opresión mágica. Y es que, al final, hay cosas que golpean por la noche, y ellos eran quienes golpeaban de vuelta.

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MensajeTema: Re: Caballeros, princesas y tazas de té (Lobo Feroz, Xun Augustine)   31st Marzo 2015, 23:41

Blanca le sonrió a Liz sin decir nada más. Le cogió de la mano y se la apretó. La miró fijamente y en sus claros ojos brillaron pequeñas perlas de comprensión. Si algo le habían dado tantos años de enfrentarse ante gañanes políticos y empresarios corruptos que siempre intentaban sacar tajada a costa de Villa Fábula había sido un increíble sexto sentido para calar a las personas y sus intenciones. Blanca había mirado más allá de las palabras de Liz, de sus gestos... Pero no quiso decir nada: ya sería ella misma la que se pusiera en su sitio... aunque nadie le impedía que se metiera un poco de por medio.

- Está bien. Liz, dime, ¿te apetecería que mañana volviéramos a quedar? Quería pasarme por unas tiendas que me han dicho donde venden ropa de buena tela a un precio razonable y que cerca hay otro sitio con utensilios exóticos. No creo que Lobo me diga nada por acompañarme... pero me lo conozco, y se aburre por mantenerme contenta. ¿Querrías venir conmigo? Así podríamos hablar de mujer a mujer sin tener la presencia de éstos dos cerca.

...

Vaya... pues si que se han enfrentado a una buena lista de criaturas mágicas. Me hago una idea más o menos de cómo debe ser su grupo en operación tomando a Rojo como eje principal de mis pensamientos. Si se han enfrentado a todo eso y han salido con vida, o bien tienen un buen armamento, hechizos, libros, objetos mágicos en general que les protejan o bien son ellos mismos los que "se protegen".

- Bueno, no exactamente. Por lo general una ilusión tiene un cierto tiempo de permanencia[b] - según me había enterado por las brujas - [b]y tan solo afecta a los sentidos. Sin embargo, el glamour es una conversión absoluta, cambiando el aspecto de alguien por completo. Para darte un ejemplo, si compraras un glamour para convertirte en persona, su eficacia sería tan fuerte como el dinero que te hubieras gastado, y duraría más que un glamour normal. Además, no son hechizos ni conjuraciones, sino un pequeño frasco con un líquido dentro, elaborado por nuestras brujas. - Y hablando de brujas, a Rojo le pica la curiosidad por saber qué tenemos en Villa Fábula. No le culpo, la verdad... - Teniendo en cuenta que todo habitante de Villa Fábula proviene de las Tierras Natales, cada uno de nosotros es una criatura mágica, así que puedes echar cuentas. Además de los personajes que supongo ya debes conocer tenemos trolls, duendes, gigantes, Djins en las Fábulas Orientales, un dragón que lo usa mi cuñada como mascota, animales parlantes y... animales parlantes. En las Tierras Natales aun existen todo tipo de criaturas mágicas difíciles de imaginar, desde pacíficas a auténticos depredadores. Si se abriera una puerta hacia las Tierras Natales y llegara nuestra fauna, el mundo mundano se volvería loco.

Vuelve a aparecer el chico de antes, el metre... o lo que fuera, a preguntarnos si queríamos otra cosa. Blanca enseguida le pide otro té pero diferente, y yo... vuelvo a señalar algo de la carta. La última vez, a pesar del aspecto, me salió bien.

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MensajeTema: Re: Caballeros, princesas y tazas de té (Lobo Feroz, Xun Augustine)   10th Enero 2016, 12:58

La muchacha levantó los ojos mirando a Blanca, esbozando una sonrisa que fue lentamente apareciendo en su rostro.

- ¡Me encantaría! No quiero que pienses mal, pero no estoy acostumbrada a tener muchas amigas a decir verdad. La única del grupo donde estamos es Kate, y la pobre suficiente tiene con estar día y noche moviendo el helicóptero y demás, y aunque alguna vez hemos salido por ahí no solemos poder hacerlo debido a las misiones y demás, pero me gustaría. Sería un cambio agradable de aires.- Para la joven Rojo y Azul eran como dos hermanos mayores, dos protectores que se preocupaban por ella y la cuidaban siempre que hiciese falta, pero echaba de menos tener algo de contacto femenino, algo más de su estilo, y no tanto charlas acerca de demonios y demás. Les quería, pero tener una amiga como Blanca, la cual parecía agradable y abierta era más que bienvenido. Además, Hellboy era muy parecido a Lobo, o esa fue la sensación que le dio a la muchacha tras verles hablar un rato.- Conozco también un par de sitios a los que podríamos ir a tomar algo si os apetece. No sé si existirían en vuestro universo.-

El demonio por su parte escuchaba lo que Lobo le explicaba, asintiendo de vez en cuando con las cosas que este le decía. Volvió a beber mientras este le mostraba la diferencia entre el glamour que ellos usaban y un hechizo convencional. Una especie de poción que según entendió Rojo duraba más cuanto más pagases, y más efectivo era. Aunque claro, eso sería si querías tener apariencia de persona, lo que significaba que mientras se mantuviesen dentro de Villa Fábula no lo necesitarían... ¿Verdad?

- ¿Y habéis tenido algún problema con el gobierno o algo? Suelen querer meter las narices siempre que pueden en los asuntos de magia y cosas sobrenaturales. Nuestro director está constantemente cubriéndonos para evitar que salgamos a la luz. Si alguna vez necesitáis ayuda política podemos echaros un cable. Bueno, yo no porque no tengo ni idea de cómo leches funciona, pero Manning es un buen hombre en el fondo, a pesar de que a veces se comporte como un auténtico capullo. Deberíais conocer también a Abe. Es un buen tío. Muy inteligente además. Posiblemente uno de los seres más inteligentes del mundo, y sabe muchísimo de cualquier cosa sobrenatural. También tenemos a Johann Krauss, posiblemente el mejor medium del mundo, aunque a mí personalmente no me gusten. No creo en ellos. Me parecen una sarta de bobadas, aunque le he visto hacer cosas bastante útiles y sorprendentes. Perdona, me estoy yendo por las ramas. La cosa es esa. Si necesitáis ayuda podemos ofrecérosla. Estando como está la situación casi es mejor estar unidos contra cualquier cosa que pueda aparecer.- Y con esto apuró su bebida y pidió otra al camarero que justo acababa de atender a Lobo.

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MensajeTema: Re: Caballeros, princesas y tazas de té (Lobo Feroz, Xun Augustine)   10th Enero 2016, 23:44

- En ese caso, creo que ya tenemos un plan de sólo chicas. Si quieres después puedo presentarte al resto de las chicas: mi hermana es una bala perdida pero hace tiempo aprendió el significado de ser responsable y ya ha dejado de tener como objetivo incordiarme; Cenicienta habla poco y es la más tranquila pero siempre es de agradecer cuando está cerca; Zarzarosa es la que más habla, sobretodo cuando se trata de nuestro ex, y siempre tiene una forma de animarte...

Blanca está más que encantada con conocer a Lis y que tengan un momento juntas. Casi que hemos dejado de existir para ellas tal y como están llevando la conversación. No me quejo, ni se lo echo en cara: me gusta verla así, que desconecte... Yo en cambio tengo un asunto nuevo entre manos cuando Rojo me habla de conocer al resto de los suyos. Asiento levemente cuando saca el tema y me presenta el nombre de los demás y sus particulares características, por así decirlo. Está más que claro que ese tal Manning será el primero en la lista que conozca.

- Lo tendré en cuenta, pero por ahora nos las conseguimos arreglar. Siempre hemos sido así de cabezotas... Respecto a lo de conocer al resto de los tuyos, me parece buena idea. Siempre está bien conocer gente nueva, más cuando entre nosotros nos podemos ayudar. Quedamos un día, en una hora y un lugar y empezamos ese encuentro. Podríamos hacerlo el mismo día que éstas dos salgan juntas - comento señalando con la cabeza a las dos morenas. - Así los cuatro tendremos un día de provecho.

Blanca aprovecha la atención de Rojo para pedir algo, señalando la carta y levantando cuatro dedos. Mientras tanto tengo que reconocer que... ya no me arrepiento tanto el haber salido a dar una vuelta y haber acabado aquí. Cierto, el lugar no es de mis favoritos, pero por lo menos hemos conocido a éstos dos, y si mi instinto no me falla, tal vez acabamos de empezar una relación que durará bastante tiempo.

.... Mis pensamientos cambian cuando llega el camarero con una bandeja, y nos sirve a los cuatro unas... tazas... muy pequeñas... con algo dentro... y flotan... caramelitos... rosas...

Blanca se ríe, copiando a Lis. Yo gruño. Hellboy gruñe.

- Cuentos de princesas y sus tacitas...grrr....

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Caballeros, princesas y tazas de té (Lobo Feroz, Xun Augustine)
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